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El escepticismo desde Erasmo hasta Espinoza, Richard Popkin

En la antiguedad se identificaron dos vertientes escépticas, la pirrónica, que cuestiona hasta poner en duda toda teoría dogmática y acepta vivir de acuerdo a lo que se le aparece: los fenómenos, las leyes y las costumbres porque entienden que son tan reprochables como cualesquiera otras y con esta suspensión del juicio dogmático, no crítico, logran serenidad espiritual. La otra vertiente, continuadora de la academia platónica, afirma que es imposible conocer nada, luego son dogmáticos en realidad.

Hasta 1532, los intelectuales humanistas (filósofos y monjes que se enamoran de la antigua cultura greco-romana ) adoptan o debaten sobre el escepticismo académico (dogmático) recuperado por Cicerón y Diógenes Laercio. Dos mundos nuevos descubiertos: la antiguedad clásica y América. No hay menciones a los textos pirrónicos de Sexto Empírico hasta 1532, cuando Lutero cuestiona gravemente que Roma y el Papa sea el legítimo intérprete de las escrituras. En 1560 se publican por primera vez los Esbozos Pirrónicos que levantarán mucha polvareda. (En una sed de textos griegos despertada por los primeros traducidos, los cuales ayudan a los intelectuales a confirmar sus ideas varias, llegan los textos aristotélicos, que afirman la posibilidad del conocimiento racional, y textos de las ciencias liberales árabes e indúes). El cristianismo persigue a los que no se convierten: paganos, o practicantes de otros credos. El pirronismo es usado por los reformadores para poner en duda la autoridad papal. Erasmo primero y Montaigne después la usarán para apoyar un fideismo pirrónico. Lutero se vuelve más papista que el papa, al punto de quemar por hereje a otro reformista por no reconocer a la trinidad. Dice que es el único que tiene la luz de su dios para interpretar la verdad en las escrituras y que en eso radica el iluminado del hereje, en esa intuición, fe de perfecta certidumbre en lo que creen entender. Asimismo Calvino su seguidor. Finalmente Descartes plantea que la duda pirrónica es una certeza en sí misma (algo que Sexto ya había cuestionado y Montaigne había dicho que era una falla del lenguaje: el escepticismo necesitaba de un lenguaje negativo y el lenguaje humano es afirmativo (Mio: necesita una lógica dubitativa). Descartes no acepta el fideismo y mete a su dios por la ventana y se le cuelan conceptos griegos que no eran innatos como él decía. Sanchez plantea un pirronismo positivo, al aceptar al escepticismo y reconocer que en su marco aun queda lugar para un conocimiento parcial y localizado, empírico, de las cosas. Spinoza cuestiona la cosmogonía antropológica que otorga a dios naturaleza humana con inteligencia, voluntad, sentimientos, pasiones, deseos y debilidades cuestiona la voluntad absoluta que el hombre cree tener, cuestiona que la religión hace que el hombre se deteste a sí mismo por no contener sus pasiones,  creyendo que hay en él un alma buena y un cuerpo malo y todo por creer que las cosas y el hombre han sido creados para un fin más allá del conatus (perseverar en su ser).

Montaigne "Todo lo que presentan los filósofos en sus teorías son invenciones humanas". Sanchez, médico judío cuya familia debió huir de España a Francia en el siglo XVI, leyó a Sexto Empírico, su escepticismo es lo más parecido a un estudio analítico del SXX. Tal vez emparentado con Montaigne, cuya madre es judía convertida al catolicismo. Montaigne establece un fideismo pirrónico base de la Contrarreforma Francesa.

El discurso del método entre líneas

El discurso del método entre líneas 
Todos los hombres creen ser dueños del discurso verdadero porque se sienten justificada y profundamente satisfechos con su capacidad para razonar la cual es la misma en todos los hombres pues está en su esencia y es por completo su esencia, la de ser razonable, pero no la de tener razón, pues no alcanza con ser razonable para tener razón, ya que el juicio individual también depende del subjetivo punto de vista. Si tenemos la capacidad para distinguir lo verdadero de lo falso ¿qué nos lleva a equivocarnos? lo que nos lleva a confundir lo falso con lo verdadero son esas opiniones incorporadas como verdades absolutas, esa confianza ciega en el sentido común y esa prontitud para asignar valor de verdad a nuestros propias pensamientos. Debemos percatarnos que el conocimiento de la verdad, esa verdad que solo puede ser una, es nuestra empresa más importante pues el hombre confiado a su razón, tomando por verdad lo que no lo es, comete grandes torpezas. ¿ Y qué camino seguir para guiar a nuestra razón ? Analicemos los posibles: lo aprendido, es resultado de un conflicto entre el interés propio y el social, de modo que debemos restarle valor de verdad. El camino del sentido común, retomado una y mil veces con fines diferentes va perdiendo coherencia, sin embargo pulido y suavizado por su uso, nos resulta más cómodo. Los soberbios lo llevan incorporado como propio, pero basta una vez que duden de sí mismos y ya no querrán volver a usarlo. Los modestos, lo tienen como único maestro y por tanto verdadero y superior a su propio juicio. Y en el mundo prácticamente solo hay estas dos clases de personas. El hombre que viaja, lee y vivencia da cuenta de la diversidad de costumbres todas razonables, y puesto que sólo puede haber una verdad, esa variabilidad del comportamiento humano verosímil y el carácter cíclico del valor de verdad atribuido a una misma opinión es prueba de su falsedad y la vivencia es el mejor validador de nuestras opiniones ya que cuando se desvían de la verdad "el suceso nos castiga" y así nos muestra cuán frecuentemente nos desviamos de la verdad, algo que no descubrirá quien teoriza en un despacho. Finalmente, el mejor camino no es ni lo aprendido ni el sentido común, sino nuestro juicio, pero siguiendo un método riguroso, de pensamiento crítico, que dentro de lo que le está permitido a un ser humano, salte de verdad en verdad, que vaya de lo simple a lo complejo y divida lo complejo en partes simples. Finalmente nuestros pensamientos, que eso somos, son de nuestra propiedad luego nos pertenecemos.
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Verdad universal y humana

Verdad universal y humana

La verdad, esa que es una sola y que aún ignoramos, esa que en parte vendría a ser ésto que se nos presenta como realidad, se nos aparece ingenua. En cambio la verdad humana, el discurso, viene cargada de intereses de poder y dominación a menudo disfrazada de la otra.

Puesto que la verdad humana no existe, sino que es un invento humano, carecería de sentido buscarla, puesto que se busca algo cuando es posible que sea, no algo que desde el vamos conocemos que no es. En cambio resulta imprescindible que dirijamos todos los cañones a refutar toda vez que se intente erigir una verdad humana como la verdadera.

Si esta empresa fuera posible, el resultado sería disponer de un arma de disuasión contra la dominación ilegítima. Entonces sólo habría poder por la fuerza o dominio legítimo. Recordemos que el dominio legítimo es aquel que se elige por economía o por valores aunque sea ilegítimo. Como el poder por la fuerza ha demostrado no sostenerse más que por un dominio legítimo o ilegítimo, solo tendríamos este último escenario o ningún dominio, como usted lo desee.

Instituto de aproximación a la verdad

Por lo general se intenta dar con el discurso verdadero como en la práctica de tiro al blanco. Pero esto nos lleva a que si erramos el tiro nos autoengañarnos y buscamos engañar a los otros con tal de convencer y convencernos que en realidad acertamos. Después de todo, el saber es una estrategia de poder. Para estar en la verdad debe suponerse que somos superiores al resto. Es condición necesaria ser superiores para que acepten nuestra opinión como verdad. Al final de cuentas es una verdad ganada por el prestigio. Pero para eso, puesto que no podemos probar que somos superiores a lo que realmente somos, tenemos que probar que el resto es inferior. Entonces ideamos conceptos ordinales y escalares y sus reglas aplicables a los seres humanos. Por supuesto que la regla se dibuja de mayor a menor, empezando por nosotros. Y así tener el prestigio necesario para que nuestro discurso sea el verdadero.

Ejemplos

Inteligencia, Belleza, Bondad, Normalidad, Salud, Moralidad, Utilidad, Responsabilidad, Nobleza, Fidelidad, Igualdad, Libertad, Sociabilidad, Inspiración, Valentía, Heroísmo, Amor,Amor al trabajo individual y grupal, Amor a que otros trabajen para uno, Amor a que otros trabajen, etc, Cultura, Evolución, Progreso, Intuición, Distancia a Dios, o lo que es lo mismo al demonio pues recordemos que pensamos en forma dicotómica, entonces a cada concepto le corresponde automáticamente su opuesto por principio antropológico (¿será este principio otra verdad humana?).


Conceptos apropiados para dominación, es decir, no es algo inexistente a lo cual se le atribuye una medida, sino que es algo existente y que es expropiado por la clase dominante: tiempo, cuerpo, mente, espacio


Los griegos tenían razón

En un pleito, para demostrar su posición de verdad, se desafiaban y aquel que más estaba dispuesto a ofrecer salía victorioso. Por ejemplo si alguien acusaba a otro de hacer trampas en un juego, el ofendido podía ofrecer determinada azaña o sacrificio, en prueba de que estaba en la verdad. Podría ser que se pusieran bajo la vista y juicio de los dioses. Pero ¿ no sería que el sostener una mentira consciente de que es una mentira, insume recursos, afecta a la economía del ser, inversamente proporcional a lo que está en juego en el pleito y que estos recursos que consume la mentira, son harto elevados y nuestro ser lo sabe y lo tiene muy en cuenta ?

Al final, quizás era una forma más aproximada de establecer quién tenía razón en una disputa que los métodos sicológicos o retóricos o dialécticos o incluso de exposiciones lógicas probabilísticas.


Lógica

Reglas formales de todo pensar, que construyen un camino de conocimiento, donde de cada paso dado y de cada elemento alcanzado sabemos su grado de certeza. Elementos: paso o regla lógica o válida o formal (p->q), premisa (p) y conclusión (q); Regla lógica o de causa-efecto: no puede darse no q a partir de p (no (p->no q)), no puede alcanzarse una conclusión falsa desde premisas verdaderas, no puede darse que no ocurra el efecto si se da la causa, no puede darse V->F; grado o nivel de certeza o confianza: función de probabilidades (contínua, [0-1]). Estrategias para descubrir caminos lógicos: abducción, inducción, deducción. Abducción: dada una conclusión y una regla lógica, sugiere una premisa. Inducción: dado una conclusión y una premisa induce una regla lógica. Deducción: dado una premisa y una regla lógica implica una conclusión. Sugerencia (de hipótesis probable, premisa o generaliza y propone una regla o concepto universal) , necesidad son caminos probabilísticos de incertidumbre. Implicancia, suficiencia son caminos de certidumbre absoluta.

Nuestra mente tiene estrategias de pensamiento para adquirir conocimiento: imaginación, ingenio, intuición que si las deshilachamos o accedemos a la perte inconsciente de las mismas llegamos a las tres estrategias mencionadas abducción, inducción y deducción. Los antropólogos estudian la causa no deseada de conocimiento: los prejuicios. Los neurólogos y sicólogos las causas inconscientes. Los metafísicos, el grado de certidumbre alcanzable para cada tipo de objeto de conocimiento-idealismo, esceptisismo, agnosticismo, empirismo, etc- y las naturalezas, esencias y orígenes de los mismos.

La lógica es nuestra forma de andar conociendo y conociendo por donde andamos, un conjunto reducido de reglas que se explican a sí mismas y al estar libre de objeto de conocimiento está libre de errores. Son las ciencias las que deben cuidar de aplicarla bien en sus objetos de conocimiento.


Aquellos Salvajes lo sabían

Sabían que consecuencias de acumular reservas, o bienes, era la explotación y que si no las ofrecían antes a los Dioses, serían después objeto de guerras. Y tenían mucha más percepción del entorno que la del hombre actual.


Progreso

Todas las masacres colectivas del SXX han sido en nombre del progreso


Hombre

Animal simbólico que habla
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La genealogía que busca la esencia de las cosas debería darse cuenta que las más

La genealogía que busca la esencia de las cosas debería darse cuenta que las máscaras que recubren a las cosas en cada escena de la historia son la esencia, porque adentro no hay nada, porque no hay tal cosa...y lo que las máscaras vacías nos enseñan es precisamente eso, que las cosas son inventadas, instrumentos de dominación

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Tratado teológico político, Benito Espinoza, Ser Natural y antropologizar la filosofía

Comienza estableciendo que en estado de naturaleza al hombre, en tanto ser animado, le es lícito todo lo que su propio poder le permita, en tanto su objetivo sea Ser, y lo deduce a partir del poder absoluto del todo, que es la naturaleza, que es Dios y de lo cual el hombre forma parte. Es decir que en estado de naturaleza no existe la moral ni la ley humana. En la naturaleza prohibido es aquello que nadie desea o que nadie puede alcanzar y permitido seria aquello necesario o deseado. Pero siendo el hombre solamente una partícula más, la naturaleza va más allá de la razón humana la cual indica al hombre lo que más le conviene a el mismo. Al hombre se le aparece ridículo, malo o absurdo aquellas cosas de la naturaleza de las cuales solo alcanza a ver una parte o que no son buenas para el mismo, pudiendo serlo para la naturaleza toda. La naturaleza tiene su propio orden y leyes, orden y leyes universales. La razón dicta al hombre lo que más le conviene. Y el hombre quiere vivir seguro y sin miedo, y la razón le indica que para eso debe conspirar en la búsqueda de un bien común que reemplace el apetito individual. Regirse por la razón en lugar del apetito, razón que lleva a considerar que es conveniente para el bien individual, el bien común y por tanto evitar dañar a otro y lo que no quisiera que los demás nos hagan a nosotros y procurar el bien común tanto como el propio. El hombre que buscara el apetito sin hacer caso de la razón quedara como un mentecato y por eso no lo hará en público. (Nota mía: un razonamiento permite proyectar y sacar conclusiones lógicas causales que al parecer el apetito, involuntario, no consideraría. Al establecerse la supuesta necesidad de un bien común, surge la posibilidad de dominio a través del mismo, así como de todo a lo que hay que atender sean dioses, bien común, propiedad privada, normas, cultura, identidad social, comunidad, constitución, estado nacional, salud psicofísica, derechos de la minorías, libertad, progreso, supuestos cuidados hacia los más débiles. Detrás de todo supuesto necesario control llega el dominio a través del mismo. En tanto haya príncipes, no puede haber bien común ni nada común. En tanto sea lícito el uso del otro como medio, nada bueno común saldrá). El hombre escoge lo que le parece mejor. Espinosa mezcla razón con moral o virtud, atribuye razonabilidad a y solo a aquello acorde con la moral y la virtud que es lo mismo, que es aquello aprobado por el sentido común que es el sentido de la clase dominante, en su época, el clero. Esta mezcla es la misma que vienen haciendo hasta hoy en día. Y la razón, aquello que es razonable no es lo que es razonable para el clero porque lo razonable para el clero es que se haga a su conveniencia y lo razonable para un ser animado es hacer y lograr que se haga a su conveniencia propia. La moral es un invento, fabricado para hacerle creer al ser humano que hay una forma correcta de Ser y que curiosamente coincide con la que más le conviene a la clase dominante. Pero un ser animado puede internamente consciente mente es decir por voluntad o inconscientemente es decir por hecho social o por axioma instalado en su subconsciente más allá de su voluntad, determinar que le conviene para mejor seguir siendo hacer caso a la moral, y es cuando olfatea peligro actuando de otra manera o avizora beneficios haciéndolo de esta. Spinoza otorga a los seres animados incluido al hombre el derecho a todo lo que le conviene y hacer su enemigo a todo el que se lo impide es decir que no hará lo que no le conviene o lo que no puede. Los límites morales, el cuerpo normativo social establecidos en su época buscan un supuesto beneficio a un cuerpo ya no un ser animado individuo aislado, sino un cuerpo de un agrupamiento de estos con normas que supuesta-mente estarán encaminadas en beneficiar a todos y se usaran los mecanismos y justificaciones más extrañas para convencerlos ya sea mandatos divinos, ciencias con demostraciones basadas en experimentos sobre humanos de países lejanos o ideado por individuos con atribuidos poderes sobrenaturales. Hoy este mecanismo se simplifica en la constitución del estado nacional. Si aparece ahí es axioma y si no aparece ya se ha ejercitado su libre interpretación discrecional por las cortes supremas de los estados nacionales como el clero monopoliza la interpretación de las sagradas escrituras, las cortes supremas monopolizan la interpretación de las constituciones nacionales tan variadas como miembros tenga la corte y como veces opine en tiempos políticos distintos el mismo miembro de la corte. Prueba esta de la razonabilidad de todos y de lo fuera de la verdad en que sus opiniones se encuentran por más buen sentido que tengan lo cual es innegable a todo ser humano. Por lo visto es en esta época que le toco escribir a Spinoza cuando se refuerza el concepto de virtud, moral, llamémoslos hoy sentido común, ser social, hecho social, culto dominante, cultura dominante, lo correcto, la ley, estar dentro de la ley o éticamente correcto con su eufemismo ser políticamente correcto. Cuando el individuo encuentra que la ecuación económica de amoldarse al ser social no le conviene porque es mucho lo que pierde, busca otros caminos, lo hará incendiando su mundo o ausentándose de él para observarlo y comprenderlo. El ser social tratará de disuadirlo, antes del uso de la fuerza por otros medios, uno de los cuales muy vigente es el usar la magia de la psicología para explicar que la responsabilidad del destino yace dentro de cada uno y que nada tiene que ver el ser social al cual uno puede vencer si así lo quisiera y si no lo lograra es porque engañándose a si mismo no hizo todo lo que estaba a su alcance. Lo importante es que quede bien claro que la responsabilidad es del individuo, que al ser social no le cabe responsabilidad ni por tanto culpa y por tanto sigue autorizado a hacer uso legitimo de la fuerza. La batalla entre el individuo y el ser social alcanza su mayor indignación cuando el ser social usa a su propio grupo para disuadirlo. Quienes no han llegado al extremo de encontrar una ecuación negativa, intentan mantenerse a la moda, y en última instancia, el hijo pequeño, aquel que lo reemplazara cuando ya no sea productivo, vale la pena y merece cualquier sacrificio, incluso seguir a un ser social por más feo que sea. Es imposible que el ser social tenga nombre y apellido, pero no lo es tanto que haya instituciones, cuerpos normativos, que perduren desde sus primeros días. Después de toda institución como la Academia de Platón, existieron durante 900 años, la iglesia lleva 2000 y otras otro tanto y si no fueran las mismas no significa que no puedan ser una adaptación de otra. Un mecanismo sumamente eficaz contra los que la ecuación ya no les cierra es aquellos que ven en el ser social al ser NATURAL.

Si observamos los conceptos que emplea Spinoza para describir las cosas encontraremos los asuntos de interés de su época: derecho, institución, ley, lícito, acuerdo, virtud, razón, apetito, poder, potestad, potencia, bueno, bien, educación, derecho natural, ley natural, naturaleza (en oposición a civilización, acuerdo entre hombres), ser, sobrevivir, derecho natural

Spinoza plantea que el hombre (digamos en estado natural, sin contaminación social) y la naturaleza ven bueno lo que les hace bien y malo lo que les hace mal y lo que hace bien a uno no necesariamente lo hace al otro y es la razón la que nos dice aquello que nos es conveniente y por tanto razonable para nosotros no implica natural siendo natural aquello relativo a la naturaleza. Las emociones nos perjudican, la razón nos bien aconseja. Misma temática que Platón, notablemente instalada en el sentido común actual. La razón nos aconseja ponernos de acuerdo para convivir evitando dejarnos librados a nuestros apetitos. Hay un planteo de clara separación entre razón y apetitos, como si una fuera pura lógica y la otra pura sinrazón, sin embargo más tarde al centrarse el interés en lo consciente e inconsciente, vemos que lo consciente es más razonable para el individuo que lo que le dicta el inconsciente y sin embargo el inconsciente al incluir todo aquello ajeno a nuestra voluntad que nos vemos movidos a hacer, también incluye al hecho social y por tanto entramos en la contradicción, o más bien en la muestra clara, que el ser social es irracional, inconsciente, ilógico y por lo visto eso implica que no nos es conveniente, nuestra lógica nos está indicando que no nos es conveniente, es decir, es malo.
Espinosa dice que el hombre, por seguridad, reemplaza el derecho natural que le otorga su apetito, por uno común a todos, a través de la razón, la potencia y voluntad de todos. Notar que prefiere la POTENCIA y VOLUNTAD a la INCONSCIENCIA DE LOS APETITOS. Más tarde dirá que estos derechos no pueden estar en contradicción. Es decir que el primero no puede privarle de Ser, pero Ser es en su esencia no solo cualitativo, sino también cuantitativo, Ser implica Ser en todo lo que este a su alcance, y eso implica una extensión, alargar los brazos tratando de abrazar la eterna infinitud 
expresa dimensión. Y en donde hay dimensión implica conflicto con los otros seres animados, compartiendo o combatiendo o alcanzando una forma de Ser Universal Común a todos los seres animados, una unión animada, de voluntades, una única
potencia.
Espinosa dice que la razón puede llevar a la equivocación y a escoger desacertadamente. Nadie puede prometer renunciar a esta ley natural de hacer lo que su ser le diga que es mejor, sin mentir al hacerlo a no ser que sea por la esperanza de un bien más grande o por temor a un mal mayor. Por ejemplo la sola potencia de mi derecho natural me otorga derecho a engañar para salvar mi vida. También a romper un pacto. Luego un pacto por derecho natural no tiene más fuerza que su utilidad, fuera de lo cual se transforma en irrito. Notar que Espinosa, siempre atentos a que esto es Europa Occidental y solamente eso, está atento al interés de la época en la creación de los estados nacionales basados en la razón (como veremos los focos de poder encontraron formas de disfrazarla y dispondrán de la razón y la ciencia su institución como poderoso instrumento de dominación), abandonando los gobiernos basados en la fe (creencia en algo aunque fuera inverosímil). El estado nacional deberá atender a las ventajas y desventajas del pacto y a su necesario dinamismo para que mantenga su vigencia, su fuerza. Pero aun si la razón indicase que el pacto es optimo para el hombre, y que justifica sacrificios actuales para un futuro mejor, este no necesariamente lo visualiza el hombre y puede parecerle otra cosa y la fe en el pacto es el sostén de las repúblicas. O hace caso de sus deseos y no de su razón. De modo que el soberano debe serlo ostentando el soberano derecho de sujetarlos por la fuerza o por el temor al último suplicio.
Es necesario también antropologizar la currícula de filosofía en este país, y en cada país, el poder no es ingenuo y sabe que es ahí donde se forma el sentido común del siguiente siglo, es interesante observar como veneran a determinados autores y ningunean a otros con pasiones y prejuicios por los propios formadores de opinión. Cuando un prejuicio actúa, cual axioma pareciera bajar las defensas racionales, las reacciones de la unidad lógica cerebral, bloquearlas para que el prejuicio actúe mientras el actor mantiene una de lo más sincera y pura cara de circunstancia puesto que esta lógicamente, y en el sentido más racional de la lógica, convencido de lo que hace.
Democracia según Espinosa es la asamblea de todos los hombres que tienen colegiadamente soberano derecho en todas las cosas que pueden. No se sostiene en ley, sino en la cesión explicita o implícita de su derecho individual a defenderse. En un imperio ya instalado y habiendo ya cedido sus derechos de defenderse sin guardarse nada al hombre conviene obedecerle aun en lo más absurdo por miedo a mal mayor si desobedece. Vemos como el foco esta puesto en el estudio racional del ejercicio político en la sociedad, en la ciencia del poder, establecer su origen y sus leyes. Foucault dirá que el poder no se posee, se ejerce y circula entre los hombres. Haciendo un estudio antropológico sobre la ciencia del poder, ciencia de ciencia, una ciencia cuyo objeto es una ciencia, podemos detectar las maniobras de los grupos de poder desde el origen de la ciencia del poder hasta el presente y avizorar un futuro en cuanto a humanos se trate.
Spinoza recuerda a Séneca, los imperios violentos, no han durado nunca pues para recibir y mantener la potestad de todos, hay que consultar el bien común y evitar el absurdo. Por eso es menos probable en una democracia ya que es improbable que la mayoría caiga en el absurdo. Aunque la historia humana está llena de contra-ejemplos, el contexto era comparar la democracia con la tiranía de uno. Siervo es aquel que obrando libremente no ve el daño que se hace a sí mismo y libre el que es llevado a obedecer por las leyes de la razón. Nuevamente cabe contextualizar ya que se está combatiendo al clero con la democracia racional en la cual se opta por ceder el derecho a defenderse. Si el fin de la acción no es la del agente mismo, sino la del imperante entonces el agente es siervo e inútil para sí. Si no, es súbdito, no siervo. Se cuestiona acá el significado de libertad, la libertad y opción a ceder derechos y obedecer para propio beneficio en contraposición con la obligación a obedecer para beneficio de otro, pero no para el propio. Clasifica: siervo, hijo y súbdito. El primero actúa para beneficio del dueño o imperante, el segundo actúa en beneficio propio, pero por mandato de su padre y el tercero actúa por mandato del imperante, el soberano, pero para el beneficio común y por lo tanto para él. El gobierno democrático es el más natural porque en el nadie transfiere a otro su derecho natural, todos mantienen una parte y deliberan sobre el bien común. República es el tipo de gobierno donde impera la ley, la ley es soberana única y absoluta. En la democracia nadie cede el derecho natural, la ley no es soberana absoluta, nadie está obligado a obedecer contra el bien común que vendría a ser su bien. Hobbes decía que nadie debe estar obligado a actuar contra su propia conveniencia. Spinoza dice que con lo dicho alcanza para los demás poderes, y pone el foco en la democracia y en la conveniencia de la libertad dentro de la misma. Y en el estado civil, derecho civil privado, injuria, justicia e injusticia. Quiénes son confederados, quiénes enemigos y qué es un crimen de lesa majestad. Derecho civil privado es el derecho a la libertad de mantener su estado que tiene cada uno regido por el soberano. Injuria es la violación de un derecho civil, y dado que el soberano tiene todo permitido, solo puede provocarla un particular. Justicia es la administración equitativa y sin distinguir rico de pobre de los derechos y lo que le corresponde a cada uno. Injusticia es hacer otra cosa. Confederados son individuos de distintos estados que acuerdan en caso de guerra protegerse mutuamente. En el derecho entre Estados es necio aquel que pretende que un Estado cumpla su promesa si no le conviene o perjudica lo que es mandato proteger: su pueblo. El soberano incumpliría su mandato como tal si hiciera promesas por piedad o religión. Es enemigo el que esta fuera de la ciudad y no reconoce su imperio ni como súbdito ni como aliado, pues la enemistad no la da el odio, sino el derecho. Y crimen de lesa majestad lo comete el súbdito que intente arrebatar el derecho que le fue dado al soberano o transferirlo a otro sin importar si el fin era esperanzador. El derecho natural si daña a otro va en contra del derecho divino revelado de amar al prójimo como a ti mismo. Acá vemos una yuxtaposición de un nuevo instrumento de dominación que será utilizado posteriormente, el derecho que otorga el contrato social racional, el gobierno de la razón, que con mucha objetividad para su época despliega Spinoza, con uno que se venía arrastrando, el instrumento del derecho divino revelado, el gobierno divino, sobre natural, de la fe o más bien del terror a los designios del Sujeto Todopoderoso. Spinoza refuta planteando la anterioridad de la naturaleza y por tanto del derecho natural respecto de la religión y la revelación divina que el hombre puede aguardar a que se revele por sí misma. El estado natural no es estado de religión. Es sin religión y sin ley y por tanto sin injusticia y sin pecado. Esto es así no solo por ignorancia, sino también por libertad. Si el derecho natural ya fuera divino, no sería necesario hacer pacto y juramento con Dios para ceder la libertad y transferirle nuestros derechos de la misma manera como se hace con el derecho civil. Y acá esta el sentido oculto de esta obra de Spinoza: todo lo que estuvo diciendo acerca del acuerdo para ceder el derecho natural a otro, lo estaba diciendo respecto de la RELIGIÓN que ya venía siendo impuesta de tiempos muy anteriores y contrapone siguiendo el mismo razonamiento un poder fabricado con el mismo mecanismo de cesión de derecho natural o cesión de la fuerza, pero diseñado ya no en base a la fe, sino a la lógica. Mucho podrá criticarse situados hoy comienzos del SXXI sobre la verdadera utilización de los contratos sociales, pero eso era lo que estaba en juego en su época. Fe versus Lógica. En estado natural seguir al derecho revelado y a la razón tienen su obligación en la utilidad. Y el Soberano no tiene obligación con ningún juez de la tierra a no ser que se aparezca el mismísimo enviado de Dios. El derecho natural se encuadra en el orden universal, el decreto eterno de Dios desconocido para nosotros y la religión solo es un derecho revelado que beneficia solo a los hombres y oscuro han entendido quienes creen que el pecado solo concibe a lo segundo. Con esto Spinoza enfrenta abiertamente a las religiones en una época donde la hoguera del enviado de Dios, el Gran Inquisidor, permanecía encendida. Ante el mandato del soberano en la tierra y el expreso pacto con Dios, os digo que debemos obedecer a Dios en todas las cosas, cuando poseamos una revelación suya cierta e indudable. Abiertamente Spinoza desafía al que se anuncia como representante de Dios anunciando que el contacto con Dios es directo, sin intermediarios en la tierra. Si la religión pudiera contradecir al soberano del imperio, todos tendrían excusa para desobedecer siempre. Evitar a toda costa el pacto con paganos y estar dispuesto a proteger su religión y si ya se hubiera hecho debe ya obedecerse salvo mandatos escritos de Dios. Con esto Spinoza evita recomendar abiertamente abandonar las religiones.
Nadie se despoja de su potestad ni cede sus derechos de tal modo que deje de ser hombre y ningún soberano logra disponer de todo a su capricho. No puede obligarse a un súbdito sobre sus emociones. Me pregunto qué empresa es mas imposible, si obligar a alguien a que sienta lo que las consecuencias de la naturaleza humana no le dicen o si hacer que Dios y sus príncipes en la tierra, es decir el cristianismo, abandonen su sed por subyugar a la humanidad por cualquier medio. Esta es la causa de la mayor tristeza de la tragedia humana, incluso más allá de saberse finito. Los gobiernos han debido de temer siempre no menos de los ciudadanos que de los enemigos motivo por el cual ningún gobierno ha podido ser violento al límite con su pueblo y la conservación de este derecho no depende de derecho alguno, sino de sí mismo. No es la razón de la obediencia, sino la obediencia misma la que distingue al súbdito dice Spinoza y más tarde Foucault lo parafraseara diciendo que el poder no se posee, se ejerce, circula entre los hombres. Nietzsche dirá que los príncipes no son nada sin los súbditos en aquel "y Zaratustra subió a la montaña y cuando hubo amanecido levanto la cabeza hacia el sol y exclamo, o gran sol que todo lo iluminas, que sería de ti sin aquellos a quienes iluminas". El súbdito, ya sea por temor, esperanza o afecto, obra por su propio consejo y no por eso deja de estar obedeciendo al soberano. Spinoza se propone analizar los motivos de dominación y dentro de aquellos los que son legítimos, es decir en los que el que obedece lo hace por voluntad propia, sea por temor, esperanza o por el respeto que es la mezcla de admiración y de miedo, o por el miedo y por la esperanza juntas y lo más frecuente. Y hace hincapié en el mayor poder de aquel que penetra en las almas de los súbditos respecto a aquel que lo hacer sembrando el terror. Esto lo retomara Marx Weber en sus tres tipos de dominación legitima y se me hace cada vez más evidente como han ninguneado a Spinoza y no encuentro otro motivo que su cualidad de judío. El imperio, según muestra la experiencia, aunque no puede tener la totalidad de la potestad de los súbditos, logra que los hombres amen ,odien, crean por derecho del imperio. Esto es un dominio bastante amplio. Aun así nunca el imperio tendrá el mismo poder que el individuo el cual tiene derecho y poder para todo. Y si el tirano tuviera un poder absoluto lo tendrían en realidad los súbditos que es a ellos a quien el tirano teme. No abordare de qué modo conformar un gobierno para que se conservara con seguridad siempre, pero analizare las revelaciones divinas de Dios a Moisés en el pueblo hebreo, sus consejos sobre que debe el súbdito ceder a los altos poderes. La conservación del imperio depende de la fe, virtud y ánimo de los súbditos. De qué modo conducir la fe y la virtud. Todos, gobernados y gobernantes tienden a la torpeza sin mayor esfuerzo. Expertos en multitudes desesperan que se deje llevar por la pasión. Todos creen saberlo todo y razonan sobre lo que hay que hacer y cómo dirigir y sobre el bien y el mal según como les afecte. El fastidio por el presente, la esperanza de un futuro mejor, la cólera desenfrenada y el desprecio por la pobreza gobiernan a las pasiones humanas. Prevenirlo para que no importa el carácter, todos prefieran el derecho público a sus derechos particulares, esa es la faena. La necesidad cobra múltiples formas. Siempre genero más preocupación los ciudadanos que los enemigos. Ejemplo la República Romana. Los reyes probaron suerte haciéndose pasar por dioses de razas superiores. Pero los hombres no aceptaran fácilmente pasar de súbditos a siervos. Estas y otras tramoyas emplearon los reyes para su seguridad. Pero veamos qué consejos dio con este fin la revelación divina a Moisés. Al salir de la opresión intolerable de Egipto, cada uno había vuelto a su derecho natural sin compromiso con otras leyes y no permitido adquirir nuevas tierras y podía decidir si conservarse así o ceder su derecho a otro. Teniendo fe en Moisés y por su consejo decidieron no depositar sus derechos más que en el propio Dios. Por juramento renunciaron libremente a sus derechos naturales y los transfirieron a Dios. En semejante estado, derecho civil y religión eran una misma cosa. Lo mismo que en las poblaciones indígenas como ser aquellas del actual primer Estado Plurinacional Boliviano donde la Pachamama era quien establecía los derechos y obligaciones. Sin embargo esta teocracia hebrea era más en la opinión que en la realidad. Mantuvieron todo potestad política como en una democracia y no cedieron a otro y todos podían consultar a Dios sin intermediarios a quien por clamor unánime aceptaban obedecer a su palabra. Pero cuando fueron a consultar a Dios se aterraron y optaron por obedecerlo por intermedio de Moisés. Así quedo Moisés como único juez soberano. Por transición habían cedido a Moisés el derecho a elegir sucesor suyo. Y si Moisés nombraba un sucesor, regiría en todos los asuntos de estado, nombrar jueces, establecer y derogar leyes, declarar la guerra y la paz, enviar delegados, sería igual a una monarquía solo que el monarca obedece a un decreto de Dios desconocido aun por él y en el caso hebreo el decreto es conocido solo por el rey. Pero el pueblo más aun en el caso hebreo conoce el bien y el mal solo a través de su rey. Pero moisés dividió de tal forma que no puede llamarse monarquía ni aristocracia ni democracia, sino teocracia. A unos delego derechos para interpretar las leyes y comunicar las respuestas de Dios y a otros administrar según las leyes. Moisés ordena levantar una casa que será la casa de Dios donde habitara el soberano y será levantada por todos de modo que será de derecho común el lugar en que había de comunicarse con Dios. Así los levitas, tribu de Levi, con Aarón hermano de Moisés a la cabeza administraron esta casa y fueron destituidos del común imperio y rodeados del resto del pueblo con respeto y eran los que se dedicaban a orar y a comunicarse con Dios. Se escogieron 12 príncipes para decidir en la guerra y consultar a Dios en las cosas nuevas, pero solo a través de los sacerdotes levitas ya mencionados. Las sucesiones las decidía directamente Dios. El ejército era formado por todo el pueblo desde la edad de 20 hasta los 60 años y juraban solo a Dios cuya arca iba en medio del ejército llamado entonces ejército de Dios. No delego Moisés entonces el derecho a establecer ni derogar leyes ni escoger entre la paz y la guerra ni escoger sucesores ni hablar cuando tuviese ganas con Dios, solo a interpretar sus leyes y a ejecutarlas, es decir que el pueblo no era dominado mas si administrado. Los príncipes podían consultar a Dios cuando querían, pero solo a través de los sumos pontífices, los cuales no podían hacerlo cuando querían de modo que solo consultaban lo que los príncipes preguntaban. Muerto Josué y ya no estaba Moisés, nadie fue elegido sucesor y cada uno en su tribu y milicia conservo los derechos de Josué. A Aarón lo sucedió legítimamente su hijo. Pero ya establecidos y divididas las tierras por derecho de guerra no necesitaron un general común pues ya no había cosas en común que decidir salvo ocasión de una guerra, y las tribus fueron consideradas confederadas. Cada príncipe administraría en su tribu consultando en la casa de Dios cuando lo quisiera. Si alguno faltase a Dios no se lo juzgaría como súbdito, sino que se lo invadiría como enemigo que rompiere el contrato. Nada se dice en las escrituras acerca de las sucesiones de los príncipes, pero presumo que lo hacia el más anciano en cada tribu puesto que eran familias. Es conocido que entre los hebreos se entiende jueces por ancianos. Lo importante es notar que muerto Moisés no quedo establecida ni monarquía , ni un consejo ni el gobierno en el pueblo como es la democracia, sino una sola casa regia a la cual las tribus obedecían por este solo motivo eran conciudadanas y solo debían obediencia a Dios y si era necesario el caudillo que dirigiera a todos sería elegido solo por Dios, por tanto había quedado establecida una teocracia. Hasta qué punto este modo de constituir el imperio serbia para moderar los ánimos, contener gobernantes y gobernados y evitar rebeldes y tiranos. Los que gobiernan suelen esconderse tras la justicia cuando son los que interpretan el derecho y de esta forma lograr la mayor libertad en aquello que desean. No ocurriría si la ley fuera interpretada por otro o su interpretación conocida y tan patente por todos que no podría caber duda. Los príncipes no podían hacer su propia interpretación de la ley y los levitas no tenían ni propiedades ni participación en el estado por tanto su única posesión era su gloria para la cual dependían de su buen comportamiento. Y el pueblo era obligado a reunirse cada siete años para que los levitas le repasaran el libro de la ley. Los príncipes querían la gloria y temían al odio más terrible, el odio de religión. El ejército eran todos los ciudadanos y no podían incluirse soldados por precio únicos que podrían servir a los príncipes contra los ciudadanos. Y los entre los hebreos debía existir un singular amor a la patria de modo que todos debían estar dispuestos a sufrir todas las cosas antes que la traición, apartarse de ella o la dominación extranjera pues se trataba del pueblo y el reino del mismísimo Dios. Y el culto de Dios solo estaba permitido en suelo patrio único suelo santo. Por eso nadie era castigado con el destierro. El que peca es digno de suplicio, pero no de la deshonra. No era simple amor, sino piedad a su patria pues al tiempo que el odio a los demás pueblos se alimentaba el culto cotidiano que era diverso y absolutamente contrario al de los demás pueblos. Y no faltaba causa común para aumentar la odiosa reciprocidad, pues las naciones extrañas debieron sentir un odio intensísimo. Libertad en el gobierno humano, culto hasta la devoción, odio piadoso, singularidad de costumbres y ritos y todos por enemigos. La apreciación de estas cosas depende de la opinión únicamente. Pero además había otra cosa, la utilidad, que es nervio y vida de todas las acciones humanas y esta era singular en el pueblo hebreo. Derecho garantido eterno de la propiedad, pero todos igual porción de tierra que el príncipe y si alguno por necesidad vendía sus fundo o su campo con el jubileo se eran restituidos en su totalidad de forma que nadie podía enajenarse de sus bienes inmuebles. La pobreza recibía la caridad que era practicada para tener contento al Señor. Estando tan bien en su patria y fuera encontrando solo vergüenza y oprobio. Todo esto no solo servía para retenerlos sino para evitar guerras civiles quitando objetos de disputas ya que ninguno servía a su igual, sino a Dios solo. Esto más adelante lo retomara, desde luego como todos ninguneando a Spinoza, Kant en su propuesta moral donde plantea como regla que ningún derecho debe hacer de alguien el medio para satisfacerlo. Y el amor y la caridad para con el conciudadano era piedad soberana la cual se alimentaba del odio común y reciproco con las demás naciones. El culto era una continua vida de obediencia indicando la forma de trabajar, que animales, que vegetales, cómo y cuándo y así para las ceremonias. Tan habituados, esta servidumbre debió parecerles libertad. Debe seguirse que nadie debía desear lo prohibido, sino lo que fuese mandado a lo que ayudaba que largas épocas del año se entregaban a fiestas y descanso no por capricho, sino por obedecer enteramente a Dios. No entiendo que pueda imaginarse nada más eficaz para dirigir el ánimo de los hombres pues nada atrae más al ánimo que aquella alegría que nace de la devoción, es decir de la admiración y del amor. Sería difícil disgustarse por cosas gustadas. Estando las leyes escritas por Dios, debían los hebreos obedecer sin examen alguno de la razón. Falta ver las causas de por qué tantas veces han faltado a la ley, han sido reducidos a la esclavitud, en fin han producido la completa ruina del imperio. Sería muy pueril atribuirlo a contumacia, pues la naturaleza no crea naciones, sino individuos que se distinguen luego por lengua, leyes y costumbres. De las leyes y costumbres derivan singular carácter, condiciones y preocupaciones. Debe atribuirse, si quiere decirse que los hebreos eran más sediciosos, a vicios de las leyes o de las costumbres. Cuando los levitas o los hijos de los príncipes quisieron abarcar todo el poder no podían hacer más que reinos dentro del reino y fue la ruina del imperio. Ni aunque se quisiera no podría imitarse este imperio pues no solo se requeriría la voluntad de ceder el derecho a Dios de todos, sino que Dios vuelva a hacerse presente y este de acuerdo. Pero Dios ha dicho que en más el pacto seria por el corazón. Y este tipo de gobierno además solo sirve a naciones que no quieran comercializar hacia afuera y que vivan aisladas fronteras adentro. Aun así contiene preceptos notabilísimos, no solo en cuestiones de Estado. Dios permitió que se cedieran los derechos a un solo hombre representante suyo para mandar, establecer y derogar leyes, enseñar, juzgar y castigar y elegir los ministros sagrados. Hasta antes de los profetas no hubo sectas porque los sacerdotes no podían firmar nuevas leyes, sino solo mantener incorruptas las existentes. Al querer usurpar poder a los príncipes comenzaron a querer firmar todo, hasta las ceremonias, poniéndolas al nivel de las leyes sagradas. La religión derivo en superstición miserable mientras los príncipes eran permisivos para lograr el favor del pueblo en su deseo de tener todo el reino tergiversando las escrituras. Los más prudentes lo notarían. Adujeron que los decretos agregados, llamados por los fariseos costumbres de sus padres, no había motivos para custodiarlos. La corrupción de la religión, la adulación de los magistrados y el crecimiento desmedido de leyes. Ardor de superstición sostenida por magistrados lleva necesariamente a sectas. Los profetas abusando de su creciente autoridad para juzgar y castigar irritaban y causaban guerras civiles. De haber estado el pueblo gobernando no habrían sido guerras civiles. Pasan a una forma de gobierno monárquica y no estaban acostumbrados a reyes. Sangrientas e inagotables guerras entre judíos e israelitas mientras que antes podían transcurrir hasta 80 años sin ninguna guerra.
No se combatía por paz y libertad, sino por gloria y reino. Todo esto sucedió después que el pueblo hubo de ceder el gobierno a los reyes, no antes donde las leyes permanecían incorruptas. El pueblo mientras gobernaba se corregía fácilmente y era grande o humilde según la ocasión y restablecida las leyes rápidamente. No así el orgullo del rey que no cedía hasta destruir todo. Con todo esto vemos lo peligroso de I: conceder a los ministros del culto derecho para poseer alguna cosa o para tratar asuntos del gobierno y que solo respondan a lo que se les pregunta. Nótese las injerencias de la iglesia católica en los asuntos de estado, en las leyes que han de establecerse como las de matrimonio igualitario, aborto, divorcio, determinar que es sano y que no en los deseos sexuales al tiempo que condenan sus propios deseos y se los adjudican a otros y acaparar la educación como hace en las antiguas colonias hoy devenidos estados feudales pre-capitalistas como África, América del Sur y Central y Medio Oriente que tienen en común no el color de piel, sino que sus civilizaciones originarias notablemente más saludables que la europea occidental cristiana evidenciado en que no llegaron a la perversión social de aceptar el establecimiento de la figura de un policía o custodia de la propiedad privada y la misma propiedad privada en sí y al no existir la propiedad privada no la codiciaban y no ambicionaron ni planearon destruir el planeta para conseguirla como es el caso de la civilización europea occidental cristiana. II: adjudicar a Dios especulaciones y opiniones donde cada uno tiene la suya y reputarlas crimen. La ira del pueblo reina donde esto sucede. Las opiniones son derecho de cada uno que nunca se ceden. Los gobiernos introducen sectas dentro de la religión cuyos doctores suelen ser más consideradas por la plebe que los propios ministros de culto. Por esto conviene dejar la piedad y la religión solamente en las obras, es decir en el ejercicio de la caridad y de la justicia y dejar los juicios a decisión de cada uno. III Confiar al soberano el derecho de juzgar, esto no me queda claro. IV: es muy perjudicial para un pueblo que ya tiene leyes y no acostumbrado a reyes constituir un monarca. El mismo parecerá más esclavo que monarca. Este buscara modificar las leyes para que el pueblo no pueda quitar la autoridad real como darla. Y también se da que un pueblo acostumbrado a rey tirano, si se le quita, no reconocerá autoridad menor y necesitara otro tirano por necesidad. Estas argumentaciones muestran la adoración de Spinoza hacia la lógica, pero no la lógica ciega, sino reconociendo en las pasiones parte misma de la realidad. Asesinado el rey por el pueblo el nuevo monarca deberá vengarlo y dar muestras para que no lo repitan con el pero para esto debe seguir la causa del anterior, por eso los pueblos suelen ir cambiando de tirano en tirano. Ejemplo fatal es el inglés, donde muerto el rey debieron cambiar de forma de gobierno que al final terminó funcionando como otro rey que debió mantener en conflictos y guerras al pueblo y asesinar a la familia real para evitar que se repitiera con él. Lo mismo ocurrió en Roma, donde el pueblo tenia potestad para elegir y quitar al rey, y así pudo fácilmente cambiar de forma de gobierno, pero de un tirano fueron varios juntos que tuvieron al pueblo afligido con guerras externas e internas que no acababan nunca y finalmente volvieron a un monarca como al principio. En el caso de Holanda, nunca hubo monarca, sino condes, y los estados federados se encargaron siempre se mantener el poder de los condes moderado y a los ciudadanos libres. El poder soberano residió siempre en los estados. En conclusión debe mantenerse la forma de gobierno que no cambiara sin riesgo de ruina total del estado. Notemos el uso frecuente y el foco puesto en la figura del estado, en el momento en que los estados nacionales tal como los vemos hoy estaban en formación y que lamentablemente e inexplicablemente. El derecho de todos se ejerce en la voluntad del soberano, no solo el derecho civil, también es necesario que ejerza el derecho divino. Quienes lo reprochan, excomulgan dividiendo gobiernos y abriéndose camino para llegar a él. La religión recibe fuerza de derecho solo para la voluntad de aquellos que tienen fuerza de mandar. Dios solo establece reino con aquellos al frente de los estados. La religión y la piedad deben acomodarse a la paz y a la utilidad de la república. Hablo del ejercicio de la piedad y culto externo. La piedad y culto en el interior de la conciencia de cada uno y la manera en que cada uno se dispone a relacionarse con Dios es derecho de cada uno que no se cede como ya lo vimos. Del capítulo 14 acá comprendo claramente que es el reino de Dios. Cumple la ley de Dios aquel que aplica la caridad y la justicia según su mandato. Y es el reino de Dios aquel lugar donde la caridad y la justicia toman fuerza de derecho y de mandato. Y justicia y caridad solo revisten fuerza de derecho y ley a través del derecho soberano. Dios solo hace reino con aquellos quienes gobiernan. Pues como vimos en estado natural no hay diferencia de derechos bien se use la razón o el apetito, el derecho único es el de obtener cuanto se pueda y en este estado de naturaleza no existe ni la infracción a la ley civil ni el pecado. Se encuentran por igual el justo que el injusto, el puro que el impuro y no hay lugar para la caridad ni la justicia. Pero para que los preceptos divinos tengan fuerza de ley sería necesario que todos los traspasen a todos, a algunos o incluso a uno solo y en ese caso comenzaría a esclarecerse lo que es justicia e injusticia, equidad e iniquidad. La religión se concibe únicamente por el derecho, la justicia y la caridad es decir la enseñanza de la verdadera razón, la cual solo puede cobrar fuerza de ley y derecho por voluntad de los que tienen el poder soberano que forman el único reino de Dios en la Tierra. Esta demostración es universal pues sea cual sea la religión y la forma como haya sido conocida la revelación de Dios, por la luz  natural o revelada, es la misma revelación. Sucedió así en el pueblo hebreo donde todos de común acuerdo cedieron una parte de su derecho natural y acordaron obedecer y únicamente a las leyes emanadas de Dios y así en la democracia todos acuerdan vivir según los dicta mentes de la razón. Los hebreos cedieron sus derechos a Dios más bien en pensamientos que en obras pues mantuvieron el gobierno hasta que se lo dieron a Moisés. Y Moisés no castigo a los que antes habían violado el sábado más si a los que lo hicieron después, cuando lo hizo fuerza de ley. Cuando los hebreos transfirieron sus derechos al rey de babilonia dejo de existir el reino de Dios y perdió fuerza de ley su religión. Y ya debían velar por la salvación de babilonia pues era su salvación aunque lo hicieran desde su lugar de siervos. La lógica de Spinoza es imperturbable, pero recordemos que está en un país donde el rey lo protege y está analizando lógicamente a la religión hebrea que lo excomulgo e indirectamente a la católica pues se dedica a quemar paganos. En el capítulo 4 se vio que los decretos de Dios suponen una verdad y necesidad absolutas y no se concibe a Dios cual príncipe dando órdenes, de modo que hasta que un intermediario con derecho de mandar reina según sus decretos, es decir según la equidad y la justicia, estos no tienen fuerza de ley. Solo donde reinan los justos se ven vestigios de la providencia divina, en otro caso corren igual suerte, justos, injustos, puros e impuros, como en el derecho natural y por tanto no reina la providencia divina y no es como algunos creían que Dios reina directamente sobre los hombres y dirige toda la naturaleza a su objeto. Dios es objeto de atención en aquella época, el cuestiona miento de su existencia y en su caso su esencia y la cuestión de las religiones de hombres. Los sumos poderes se deduce que han de ser los intérpretes de los derechos divinos ya que de ellos dependen. Se entenderá cuando demostremos que el culto exterior de la religión y el ejercicio de la piedad deben preservar la paz y conservación de la república. La piedad por la patria es la de mayor grado pues sin patria no quedara más que ruinas, entonces todo lo que haga con el prójimo será piadoso o no de acuerdo al beneficio que haga hacia la república. De modo que la ley suprema es la salud pública y esta es potestad del soberano por tanto de qué modo cada uno debe practicar la piedad con el prójimo es también algo que debe establecer el soberano que no es más que decir de qué modo cada uno debe obedecer a Dios. Así los poderes soberanos son intérpretes de la religión y nadie puede obedecer a Dios si no acomoda el culto y la piedad a que está obligado a la utilidad pública y por tanto si no obedece todos los decretos del soberano. Por mandato de Dios todos están obligados sin excepción a practicar la piedad y no hacer daño a nadie tampoco para socorrer a otro y mucho menos dañar a toda la república. Por el contrario para obedecer a Dios tendrá que acomodar su piedad a la utilidad de la república y el único que sabe cómo cuidar la utilidad pública es el soberano que conoce los asuntos públicos luego nadie puede acatar a Dios si no obedece los decretos del soberano. Así si alguien comete algún delito contra las leyes los hebreos debían entregarlo al juez aun habiendo jurado amar al prójimo como a sí mismos y si el soberano condena a muerte a un súbdito los demás no pueden socorrerlo. Por eso el pueblo hebreo debía amar a su prójimo y odiar a su enemigo. El ejercicio de piedad aun en estos casos debe acomodarse a la utilidad de la república. El hecho de que Cristo les enseno en Babilonia a cuidar la virtud es prueba de que la religión debe acomodarse a la utilidad del estado. Y termina Spinoza diciendo, "De las demás razones que nuestros adversarios utilizan para separar el derecho sagrado del derecho civil y probar que el uno pertenece al soberano y el otro a la iglesia universal, nada digo, son demasiado frívolas para que merezcan ser refutadas." Ahora entiendo el interés oculto de la aniquilación de los judíos. No se trata de aniquilar personas, sino de aniquilar una idea. La religión es el instrumento de dominación por excelencia y la religión judía es una amenaza para cualquier plan de dominación. Así los 25 mil indios asesinados haciéndoles creer que se firmaría una paz y tomando rehenes a los caciques no fue porque no cabían en la república nueva, era porque su religión nunca ingresaría al capitalismo, se aniquilo una religión, una religión que adoraba a la tierra y que por tanto no podía tener como dueño a un individuo particular. Aquel que intenta arrebatar esta autoridad se procura un camino para llegar al imperio, agrega Spinoza señalando a la iglesia universal. Como podría mandar en la guerra o la paz aquel que debiera esperar la opinión de otro acerca de si lo que considera útil es piadoso o es impío, si es fasto o es nefasto. Baste un solo ejemplo, el romano pontífice, a quien fue concedido este poder absoluto comenzó poco a poco a tener bajo su potestad a todos los reyes y finalmente llego al soberano imperio. Cuando los estados alemanes quisieron restarle poder solo consiguieron sumarle. Así la iglesia católica hoy en día en América del Sur y Central se procura recuperar el poder soberano teniendo a los gobernantes bajo su dominio. Véase cuanto lograron los eclesiásticos con la pluma que nadie logro con el hierro ni con el fuego. Préstese atención al poder de quien ostenta la potestad, la fuerza y la potencia, sobre lo divino. Y cuando este derecho reside en el soberano aumenta la práctica de la caridad y cuando reside en otros como en el caso de los escribas que eran ciudadanos civiles el pueblo no les presta atención y el gobierno civil también le resta atención a lo cual lo sigue el pueblo. El dilema de quien juzgara si son impíos los soberanos, se repite lo mismo con los eclesiásticos si fueran particulares fuera del gobierno. No hay remedio si el soberano quiere andar a su capricho ostente o no el derecho divino. Pero más rápido se llegara a la ruina si alguien fuera del gobierno quiere sediciosamente adjudicarse ese derecho. Quitándoles esta potestad a los soberanos este caso de inseguro y probable se convertirá en necesario y cierto. Spinoza se pregunta porque en los estados cristianos esto ha sido siempre foco de controversia mientras que en el estado hebreo no se ponía en duda que el derecho divino debía residir en el soberano. Verdad es que en ningún pueblo de ningún continente hubo esta división entre poder civil y religioso como en los estados cristianos. En los pueblos americanos, africanos, en Oceanía, en el lejano oriente, si alguien era considerado con poderes sobre naturales, para comunicarse con los espíritus o autorizado a realizar los rituales míticos que transportaban a los participantes al origen de las cosas y de los tiempos, podía ser consultado, en la enfermedad o en la guerra, pero nunca estaba por encima de la decisión de los jefes o caciques, aquellos chamanes no decidían que era buen o y que no para el grupo más allá de sugerirlo al cacique. Y porque no crea la iglesia su propio estado y se dedica a hacer como quiera dentro del, pues el estado vaticano es muy pequeño para que sea habitado por un pueblo y constituirlo en una verdadero estado nacional. La causa de esta particularidad de los estados cristianos esta en el origen mismo. El cristianismo fue ensenado primeramente por varones particulares a lo que se oponían los reyes. Ensenaban en iglesias particulares. Cuando comienzan a incorporarse al gobierno, tenían que educar a los gobernantes, de modo que fueron tomados como doctores, incluso intérpretes y vicarios de Dios. Y para mantener este monopolio de la interpretación de Dios que no les fuera arrebatada por los gobernantes, declararon los eclesiásticos que se prohibiese el matrimonio a los ministros de la iglesia. Le agregaron tal número de dogmas que la complejizaron y la asemejaron a la filosofía y el intérprete debía ser filósofo y teólogo y disponer del tiempo suficiente para mil especulaciones inútiles. Distinto fue en el imperio hebreo donde religión e imperio se crearon al mismo tiempo, Moisés enseno la religión, estableció las ceremonias sagradas y escogió a sus ministros, la autoridad real fue extraordinariamente grande en el pueblo y sobre lo sagrado el soberano era el rey. Lo mismo, agregaría, que ocurría en todos los pueblos menos el cristiano. Cuidar de no incrementar la cantidad de dogmas y que la religión se confunda con la ciencia recomienda Baruch. Si cada uno pudiera ceder su espíritu como la lengua sería fácil para el soberano pues todos experimentarían internamente lo que él quisiera y no se conocerían los conflictos. Pero el espíritu, la forma en que cada uno experimenta su devoción a Dios y a las cosas terrenales, el carácter, la capacidad de raciocinar, que es justo, verdadero o bueno, el ánimo no puede ser cedido por nadie ni aunque quisiera. De acá que se considere violento aquel imperio que quiere extenderse a los espíritus. Podría un gobierno considerar enemigo a aquel que no coincida con sus doctrinas, pero acá nos interesamos no por lo que deba ser, sino por aquello que es útil. La opinión de uno puede recibir influencia de otra y así considerarse que es la opinión de otro, pero no al punto de que no genere el otro su propia opinión o disienta, lo cierto es que hay tantas opiniones como gustos. Retomando, si pudiera gobernarse sobre los espíritus, igualmente fácil que a las lenguas, cada poder seria absoluto sin ser violento ya que todos tendrían el carácter y las opiniones que el soberano y juzgarían igual que es justo y que injusto. Pero no puede transferirse el ánimo, ni la facultad de juzgar ni menos ser obligado. El imperio que lo intenta es violento y lo mismo si pretende decidir sobre cómo cada uno se vincula internamente con Dios. Puede llegar a influirse de muchas maneras y hay artes para conseguirlo, pero no se llega nunca a evitar que cada uno juzgue por su cuenta y como dijimos que haya tantas opiniones como gustos.
De modo que aunque se considere al soberano intérprete del derecho y de la religión no por eso cada uno deja de usar su ingenio y juzgar por su cuenta y aunque sea derecho del gobierno juzgar enemigo al que piense distinto a sus doctrinas acá no me interesa hablar de los derechos del gobierno sino lo que es útil. Aunque hay imperios que gobiernan violentamente y mandan a matar por pequeñeces no tienen el poder para evitar que cada cual piense a su manera y por tanto no tienen el derecho puesto que el derecho lo establece el poder. De modo que no es conveniente para el imperio pretender este derecho. Es vicio común a todos los hombres confiar a sus semejantes aquellas opiniones que deben ser reservadas. Sera violentísimo el gobierno que no conceda la libertad de decir y ensenar lo que se piensa y templado el que lo conceda. Es cierto que la palabra puede ser tan perjudicial como los actos. Debemos ver cuáles son los limites adecuados para sin quitar esta libertad que no sea perjudicial para la paz de la república y el derecho soberano. El objeto del estado no es dominar a los otros ni acallarlos por el miedo ni sujetarlos al derecho de otro, sino liberarlos del miedo y darles seguridad en tanto sea posible y que conserven el derecho natural que tienen a la existencia sin daño propio ni ajeno. No es el fin del estado convertir a los hombres de seres racionales en bestias o en autómatas. Sino por el contrario que su espíritu y su cuerpo se desenvuelvan en todas sus funciones y hagan libre uso de la razón sin rivalizar por el odio, la cólera o el engaño ni se hagan la guerra con ánimo injusto. El fin del estado es pues verdaderamente la libertad. La condición del estado es que la potestad sobre todas las cosas pertenezca a todos, a algunos o a uno solo. Pero no puede lograrse que todos piensen de una misma manera o hablen de una misma boca. Y no podrían vivir pacíficamente si no cediesen su derecho a obrar como piensan. Cada uno entonces cede su derecho a obrar con arreglo a la voluntad propia, pero mantiene su derecho a juzgar y razonar. Cada uno puede sentir y pensar y ensenar por la razón y no por el engaño y no puede hacer modificaciones en el estado por su autoridad, pero si haciéndole ver su juicio al soberano para que decida o no modificar la ley que juzga que repugna a la razón y si en tanto esto sucede cumple con la ley es un excelente ciudadano y si busca las modificaciones en el estado injuriando al soberano acusándolo de iniquidad y arrastrando odios hacia él es un perturbador y un rebelde. Nada podría hacerse contra la ley y contra la propia razón, pues decreto por su propia razón transferir su derecho al soberano y vivir con arreglo a su propio juicio. Podemos ver en los consejos de grandes o pequeñas soberanías, que nunca todos votan por unanimidad y sin embargo obran la decisión de la mayoría por propia voluntad. Con arreglo a los fundamentos del estado y el derecho del soberano y su derecho a pensar en libertad, que opiniones son sediciosas es decir al exponerse rompen el pacto mediante el cual cada uno cedió su derecho de obrar según el pensamiento propio. Aquellas que consideran que el derecho del soberano no es suficiente o considera que tiene derecho a obrar a su capricho y su opinión encierra entonces hechos que dañan la república y solo estas. En un estado corrompido donde un particular sedicioso y hábil para engañar incrédulos adquiera mas prestigio que el propio gobierno es más evidente el efecto de estas opiniones. Ya mencionamos en el capítulo 15 sobre aquellas opiniones que parecieran referirse a lo verdadero y a lo falso y son propagadas con intención inicua -injusta-. Si la fe de cada uno para con el estado, igual que la fe para con Dios, se demuestra solo en las obras, esto es en la caridad con el prójimo, entonces tanta libertad como  la religión concede a la fe debe conceder el estado para filosofar. Puede aducirse que semejante libertad pueda traer algún inconveniente, pero aquello que no puede prohibirse debe permitirse aunque traiga algún perjuicio, aquel que pretende corregir todo con leyes más irrita que mejora las cosas y que cosa ha habido tan sabiamente instituida que no haya traído alguna desventaja. Cuantos males trae el lujo, la envidia la avaricia, la embriaguez y otros tantos verdaderos vicios y sin embargo se los permite porque no se los puede prohibir. Cuanto más la libertad de pensar que no es vicio, sino virtud y que no puede prohibirse. Sus inconvenientes pueden evitarse con la autoridad de los magistrados. Y se suma que esta libertad es necesaria para promover las ciencias y las artes pues son el resultado de pensamientos libres y sin preocupaciones. Si suponemos que se quitara la libertad de expresión, no podrá evitarse la libertad de opinión y se dirá una cosa y se pensara otra y se perderá la fe en el estado llevando a una república corrompida. Pero lejos estamos de poder evitar que cada cual diga lo que quiera, no aquellos que se contentan con poner precio a las cosas, sino aquellos cuya riqueza es su virtud. Y nada provoca más inquietud e impaciencia en los hombres que se decrete como verdadero aquello que consideran en su juicio como falso y se juzgue perverso aquello que los mueve a piedad con Dios y con los hombres y los lleva a atreverse a enfrentar a los magistrados y promover sediciones. Conocida esta naturaleza humana se deduce que las leyes, que son opiniones, que no son para corregir al malo, sino para irritar al bueno, no pueden ser defendidas sin riesgo para el estado. Las leyes decretando lo que se debe creer y en lo que se debe pensar y decir surgen protegiendo o más bien cediendo a la cólera por cierta autoridad maldita de aquellos que no toleran la libertad de pensamiento convirtiendo en rabia la devoción de la plebe y dirigirla según sus intenciones. Cuanto más noble que decretar leyes inútiles solo violables por aquellos que aman las virtudes y las artes, seria aplacar la rabia e ira del pueblo y que situación angustiosa la de un estado que no pudiera consentir hombres de libres en su seno. Que mal mayor podría escoger el estado que condenar como criminales al destierro a hombres honrados por pensar distinto e ignorar el fingimiento. Debe el gobierno para lograr una fe sincera y no una creencia forzada, conservar la autoridad de buen modo, y para no verse obligado ante los sediciosos conceder la libertad de pensamiento. Así los hombres se gobernaran aun pensando distinto, viviendo en armonía, este tipo de estado es adecuado para la naturaleza humana.  El gobierno democrático es el que más se aproxima al estado natural. Todos pactan acatar la autoridad de la ley y obrar de tal forma, pero no de juzgar y opinar y mantener sus opiniones y puesto que está permitido derogar las leyes por mejores si se considerara así, la mejor forma de mejorar las leyes es permitir la confrontación de opiniones. Cuanto más se les aparta a los hombres de su libertad de pensar más se aparta de su estado natural y por lo tanto más violentamente se reina. La autoridad del soberano alcanza para que los hombres opinando distinto se dañen entre si.



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Crítica a las éticas de Spinoza de Hume y de Kant

 Para llegar al  mejor modo de ser que más les conviene a los hombres, Espinoza parte de las causas y principios primeros y de las naturalezas primeras, a lo que llama Dios, que después de considerar ciertas definiciones y axiomas -todo efecto obedece a una causa y no hay causa sin efecto y la causa implica además el conocimiento del efecto, cosas de la misma naturaleza pueden implicarse en una relación causa-efecto, pero de distinta naturaleza son independientes, una cosa es o bien causa de sí o de otra cosa, lo que es causa de sí incluye su existencia en su esencia, lo que no es causa de sí es contingente en cuanto a su existencia, libre es la cosa que existe y obra por sí misma y necesaria es la que existe y obra compelida por otra a hacerlo y otros- lo encuentra ser una substancia única (es muy notorio el procedimiento lógico que utiliza pues se permite suponer que son dos, aunque sepa que esto es falso, para poder arribar deductivamente a la conclusión de que debe ser necesariamente una sola), absolutamente infinita y eterna, única causa de sí y cuya esencia es su necesaria existencia, es decir que existe necesariamente y cuya única voluntad consiste en su necesidad y potencia de existir y de obrar y en virtud de ningún tipo de libre voluntad, ni con vistas a fin alguno, única causa primera de todas las cosas, que no podrían haber sido de otra manera y sin la cual nada puede ni ser ni concebirse, con infinitos atributos afectados por infinitos modos, para así llegar a la naturaleza de los pensamientos y cuerpo humano  derivando dos de esos atributos, los que conocemos, el Pensamiento y la  Extensión, de donde en dos cadenas equivalentes de causas suficientes y efectos, de modos de afectación de ambos atributos, alma (mente) y cuerpo , ambos finitos, cuya esencia no implica existencia, con duración, siendo el alma un modo de pensar e idea del cuerpo y cuyo principal esfuerzo es afirmar la existencia de ese cuerpo(acá Espinoza plantearía una noción de mente como instrumento para existir así como tiene el león sus colmillos), y estando el cuerpo sometido a las leyes de las extensiones, estas son, las leyes del movimiento y el reposo, principalmente la ley de inercia, la cual podría ser una derivación de una ley compartida por todas las cosas que Espinoza llama conatus o tendencia de una cosa a perseverar en su ser , sugiere que hay tres formas de conocimiento: imaginación u opinión, razonamiento y la intuición y que solo los dos últimos sirven para manejar certeza de verdad y que el necesario para conocer todas las cosas es la intuición y menciona un concepto de verdad muy sugerente como concepto de poder (la verdad contiene su medida y también es la medida de lo falso aunque también está haciendo referencia a verdad como completitud de la idea), que mayormente los errores son de interpretación, al definir lo que es una idea  dice que no consiste ni en palabras -con las que significamos las cosas- ni en imágenes -de las cosas que imaginamos-, ya que la idea es un modo de pensar y las otras dos son extensiones en esencia movimientos corpóreos, es decir, son de naturalezas diferentes. Pero además la idea no está "muda", es un concepto que dice cosas, lleva implícita afirmaciones. Y no es potestad del hombre afirmarlas o rechazarlas, como se ve cuando experimentamos que no podemos querer contrariamente a como sentimos ni aun con palabras que expresen lo contrario ni intentando anular el juicio, pues percibir es afirmar, y la afirmación implícita en la esencia de la idea difiere en cada idea, de hecho la potencia de pensamiento necesaria para afirmar algo verdadero no es la misma que la que necesitamos para afirmar algo que es falso. Es por eso que la voluntad es simplemente una construcción humana, un modo de pensar, que universaliza las voliciones que están implícitas en cada una de sus ideas, pues las ideas llevan implícita su afirmación, de la cual el hombre es consciente, pero no es causa adecuada, e ignora además cuál es esa causa adecuada, y ese es el motivo por el que cree ser poseedor de una libre voluntad. Respecto a su utilidad para la vida, conocer que obramos por mandato de Dios y participamos de su naturaleza, nos otorga sosiego y más cuanto más lo conocemos y nos enseña que en esto ha de residir nuestra felicidad o beatitud y nos induce a guiarnos por el amor y el sentido del deber y conocer que compartiendo la misma ley, se siguen todas las cosas con la misma necesidad con que se sigue de la esencia del triángulo que sus tres ángulos valen dos rectos, nos enseña que, a los sucesos de la fortuna, los contemplemos y soportemos con ánimo equilibrado frente a las dos caras de la suerte. Socialmente nos enseña a no odiar, ni envidiar, ni encolerizarnos, ni burlarnos ni despreciar a nadie. A contentarse cada cual con lo suyo y "a auxiliar al prójimo, no por mujeril misericordia, ni por parcialidad o superstición, sino sólo por la guía de la razón, según lo demanden el tiempo y las circunstancias" y " en cuanto a la sociedad civil...no para que sean siervos, sino para que hagan libremente lo mejor". (Por más que el procedimiento de la Ética pareciera en apariencia responder a un racionalismo ingenuo, el hecho de que cuando al autor se le presenta optar por el racionalismo a ultranza y la realidad opta por la realidad así como otras señales que van desde su propio título hasta el tipo de hombre que describe como el más conveniente para sí mismo y para todos los hombres, muestra que la filosofía de Spinoza no se dirige a una vida meditativa y fuera de lo mundano, sino hacia un ideal de hombre en una sociedad ideal que él la encuentra similar a una especie de democracia de hombres libre pensadores. Es decir, en el extremo de su filosofía, está la política, y esta obra pudo bien haber sido un instrumento ideológico, para enfrentar autoritarismos religiosos y monárquicos en la Holanda de su época. Habiendo llegado a determinar las características de la naturaleza humana, tomará ésta como causa inmediata, dejando a Dios, que es la primera, pero no la inmediata, al referirse a los aspectos fenomenológicos que rodean al ser humano, en particular a las pasiones y a los modos de pensar. Es decir que hará un cambio desde una ontología general a una particular. Estudiará los afectos, en tanto afecciones del cuerpo, contando con que cumplen también las mismas leyes mecanicistas que el resto de los cuerpos, que son cosas individuales, por tanto finitas y abarcadas por el atributo de la Extensión y en tanto afecciones del alma, una concepción de ésta como modos de pensar, cuyo actuar es pensar, y cuyas cosas individuales son modos de pensar, tales como las ideas y la idea que es el alma, que es la idea que afirma la potencia de existir del cuerpo y las ideas que afectan al cuerpo. Luego de encontrar que la voluntad del hombre no es libre, se concentra en los afectos, pues ve en ellos la esencia del ser humano en cuanto impulsado a perseverar en ser: el deseo y más adelante intentará dar con alguna forma de "sacárselos de encima", es decir, liberar al hombre de su servidumbre ante a sus deseos  y encontrará una respuesta parcial que no consistirá en deshacerse de ellos, sino de usarlos, a partir de entender cómo funcionan . Decimos que obramos cuando somos causa adecuada de algo que ocurre, dentro o fuera de nosotros, y que padecemos cuando algo ocurre en nosotros o somos causa parcial. Los afectos  son afecciones del cuerpo, que aumentan o disminuyen la potencia de obrar del cuerpo (y la capacidad de obrar del alma, o sea, su capacidad de pensar y de entender) y también son los afectos las ideas de esas afecciones. Un afecto, o pasión del ánimo, consiste en una idea confusa, que afirma de su cuerpo una fuerza de existir mayor o menor que antes y que le determina al alma en qué idea seguir pensando. Cuando el hombre es causa adecuada de un afecto, hablamos de acción y cuando no lo es, se dice que está padeciendo una  pasión. El alma obra en cuanto tiene ideas adecuadas, que se perciben clara y distintamente y padece y está sujeta a pasiones, únicamente, en cuanto tiene ideas confusas e inadecuadas, es decir que tienen algo que implican una negación. Ni el cuerpo puede determinar el alma a pensar, ni el alma puede determinar al cuerpo a nada. Hay tres afectos primitivos y primarios: alegría, tristeza y deseo. El deseo es el apetito, que en el hombre lo llamamos deseo porque es consciente de su apetito, y para abarcar las distintas denominaciones lo definimos a saber: cualesquiera esfuerzos, impulsos, apetitos y voliciones del hombre, que varían según la variable constitución de él, y no es raro que se opongan entre sí de tal modo que el hombre sea arrastrado en distintas direcciones y no sepa hacia donde orientarse, es decir que es el fin, a causa del cual, hacemos algo. La alegría es el paso del hombre de una menor a una mayor perfección y la tristeza a la inversa. La perfección de una cosa es su  realidad, cuanto más real, más perfecta, porque mayor es su potencia para perseverar en su ser, de modo que cada cosa es perfecta en sí misma y no lleva consigo ninguna noción de imperfección, de manera que la noción de imperfección es una construcción humana, simplemente un modo de pensar, que usamos cuando comparamos una cosa con un "modelo de perfección" surgido de deseos o de universalizar ideas de cosas similares. Un afecto no puede ser reprimido ni suprimido sino por medio de otro afecto contrario, y más fuerte que el que ha de ser reprimido. El deseo que surge de la alegría, en igualdad de circunstancias, es mayor que el deseo que brota de la tristeza. El hombre no desea lo que es bueno porque lo sea, sino que porque lo desea, en cuanto que su alma toma conciencia de su deseo, lo considera bueno. Bueno es lo que sabemos con certeza que nos es útil y malo lo que sabemos con certeza, que impide que poseamos algún bien. Las cosas no son ni buenas ni malas en sí mismas y ya mencionamos lo que es bueno o malo para el hombre. Y pasamos a ver en qué consiste la libertad y felicidad posibles del hombre de acuerdo a las leyes de su propia naturaleza. La felicidad consistiría en la libertad (o poder, o potencia o capacidad de conocer) del alma (o entendimiento o razón) contra los afectos para controlarlos o reprimirlos. Los Estoicos y Descartes sostenían que el alma (hoy diríamos, los pensamientos conscientes) podía tomar el control absoluto sobre los afectos, con disciplina, pero no es así, dirá Spinoza, ya que el cuerpo (hoy diríamos, el inconsciente) no es esclavo del alma, y eso se presenta claro cuando estamos ante una situación de peligro. Sin embargo, parece haber un cierto camino: formándonos una idea clara, un afecto puede dejar de ser pasión y por consiguiente un padecimiento, o sea, cuanto más los conocemos, a los afectos, más los controlamos y no hay afecto del que no podamos formarnos una idea clara y distinta; también al entender las cosas como necesarias se las padece menos. Todo esto es lo que Bueno llama la "salvación del sabio" que Spinoza, con todo su realismo psicológico, moral y político, nos plantea y que consiste en la implantación gnóstica de la conciencia filosófica: la salvación se obtiene, en definitiva, por el conocimiento. No se trata de suprimir los afectos, sino de la utilización racional de los mismos: se trata de que el afecto mismo, impulse una conducta racional. (Spinoza aclara que no le incumbe tratar acerca de cómo mejorar el entendimiento, ya que es tema de la lógica y atender al cuerpo para cumplir sus funciones, de la medicina). El procedimiento es un ambicioso y riguroso método lógico (si consideramos que lo que pretende abarcar en su demostración es nada menos que todo) que intenta no dejar definición sin justificar, con novedosas nociones de falsedad como una cierta privación de conocimiento "falso es aquello que no es abarcado por la definición de una cosa", de hecho es la empleada en la construcción de sistemas expertos: partir de un universo falso o de cosas falsas, es decir, absolutamente desconocido, de manera tal que permita aprender hasta que la definición del universo sea lo suficientemente completa como para que lo falso pueda tornarse verdadero (si partiera de todo verdadero no podría aprender nada nuevo), invariancia de un sistema y autorregulación. Para esta empresa, descarta partir de la naturaleza del alma humana, porque no la considera causa primera de las cosas y los que parten de ahí atribuyen naturaleza humana a Dios y además como el hombre siente que tiene un fin cree que todo lo que lo rodea comparte el mismo fin y tiende a creer que todo fue hecho como medios para satisfacerlo, pero como no lo pudo haber hecho él, lo atribuye a Dios, pero le proyecta a Dios naturaleza humana: libre voluntad (creyendo que él mismo la tiene), pensamiento humano, el cual querría que el hombre lo admire y las cosas malas sucederían como castigos por errores o  faltas hacia Dios y el hombre a su vez quiere ser el preferido de Dios entre los demás. Por otro lado el hombre no es un imperio dentro de otro imperio , es decir, responde a las mismas leyes de la naturaleza y suponer lo otro es motivo de no llegar nunca a conocer realmente la naturaleza humana y sobre esta ignorancia construir creencias como que el hombre tiene total imperio sobre sus pasiones y que su impotencia o inconstancia obedece a ciertos vicios y parecen descubrir como si existieran en la naturaleza cosas como el bien y el mal, la belleza y la fealdad, el mérito y el pecado, la alabanza y el vituperio, el orden y la confusión, el mérito y el pecado y así denigran y ridiculizan la impotencia del alma humana por no seguir ciertos consejos morales que alcanzarían para corregirlo. Lo cierto es que la naturaleza no tiene vicios, es siempre la misma su eficacia y potencia de obrar y son siempre las mismas sus leyes, y lo mismo para los afectos, que siguen la misma eficacia y necesidad de la naturaleza que las demás cosas singulares y por tanto tienen sus causas que pueden ser conocidas, la naturaleza y fuerza de los afectos, la potencia del alma sobre ellos, los actos y apetitos humanos. 
Algunas peculiaridades de los afectos : nadie envidia por su virtud a alguien que no sea su igual. El afecto difiere de acuerdo a la naturaleza del individuo, difiere entre animales e incluso no es el mismo el de un ebrio que el de un filósofo. Nos movemos como un barco en un mar de fluctuaciones que afectan al cuerpo y al alma. Los que no afectan al alma han sido dejados de lados. El asombro consiste en la imaginación de alguna cosa, en la que el alma queda absorta porque esa imaginación singular no tiene conexión alguna con las demás y el desprecio consiste en la imaginación de alguna cosa que impresiona tan poco al alma, que ésta, ante la presencia de esa cosa, tiende más bien a imaginar lo que en ella no está que lo que está. El amor es una alegría acompañada por la idea de una causa exterior y el odio es tristeza acompañada por la idea de una causa exterior. Inclinación es la alegría acompañada por la idea de alguna cosa que es, por accidente, causa de alegría y repulsión es tristeza acompañada por la idea de alguna cosa que es, por accidente, causa de tristeza. La devoción es el amor hacia quien nos asombra. La emulación es el deseo de una cosa engendrado en nosotros porque imaginamos que otros tienen ese mismo deseo. Agradecimiento, benevolencia, ira, venganza, crueldad. Crueldad es hacer mal a quien nos ama. El temor es el deseo de evitar, mediante un mal menor, otro mayor, al que tenemos miedo. Audacia. Pusilanimidad. Consternación se predica de aquel cuyo deseo de evitar un mal es reprimido por el asombro que siente ante el mal que teme. Humanidad o modestia es el deseo de hacer lo que les agrada a los hombres y omitir lo que les desagrada. La ambición es un deseo inmoderado de gloria. Siguen gula, embriaguez, avaricia y libídine. 
El afecto que dispone al hombre de tal modo que no quiera lo que quiere, o que quiere lo que no quiere, se llama temor. Si el mal que teme es la vergüenza, entonces se llama pudor. El amor y el odio hacia una cosa que imaginamos ser libre deben ser mayores, siendo igual la causa, que los que sentimos hacia una cosa necesaria, de lo que se sigue que los hombres, como piensan que son libres, sienten entre sí mayor amor y odio que hacia otras cosas. Cualquier cosa puede ser por accidente, causa de esperanza o de miedo. El alma se esfuerza en imaginar solo aquello que afirma su potencia de obrar y cuando imagina su impotencia se entristece. Somos movidos de muchas maneras por las causas exteriores, semejantes a las olas de mar agitadas por vientos contrarios, nos balanceamos, ignorantes de nuestro destino y del futuro acontecer. Sucede con el amor que mientras disfrutamos de la cosa que apetecíamos, el cuerpo adquiere una nueva constitución, es determinado de otro modo, y se excitan en él otras imágenes de las cosas y el alma comienza al mismo tiempo a imaginar y a desear otras cosas. Las relaciones exteriores del cuerpo como temblor, palidez, sollozos, risas, no se relacionan con el alma. Acciones que derivan de los afectos que se remiten al alma en cuanto que entiende, fortaleza y divido aquella en firmeza y generosidad. Así la primera es el deseo por el que cada uno se esfuerza en conservar su ser, en virtud del solo dictamen de la razón y la segunda en ayudar a los demás y unirse a ellos mediante la amistad. 
Acerca de la virtud : La potencia es la virtud, que en el hombre es la potestad de llevar a cabo ciertas cosas que pueden entenderse a través de las solas leyes de su naturaleza. El fundamento de la virtud es el esfuerzo mismo por conservar el ser propio, la felicidad consiste en el hecho de que el hombre puede conservar su ser; la virtud debe ser apetecida por sí misma; el suicidio es un sinsentido, ninguna cosa puede buscar su propia destrucción, por eso es necesario que sea el efecto de causas externas. No podemos prescindir de todo lo que es externo para conservar nuestro ser, necesitamos cierto intercambio con las cosas que están fuera de nosotros, al mismo tiempo nuestro entendimiento es mejor si el alma no está aislada, las cosas más apetecibles son las que concuerdan con nuestra naturaleza, nada más útil al hombre que el hombre, porque suman potencias, pero los hombres sometidos a sus pasiones se diferencian en sus naturalezas y por tanto no concuerdan, y solo se asemejan en sus naturalezas cuando están guiados por su razón, es decir, cuando viven bajo las leyes de la naturaleza, de suerte que nada sería comparable a que todos los hombres concuerden entre sí y sean un único cuerpo y alma, esforzándose todos en conservar su ser y la común utilidad y a esto pueden llegar bajo la guía de la razón ya que estos hombres viven bajo las leyes de la naturaleza y no apetecen para sí nada que no deseen para los demás.  Nadie puede desear, ser feliz, obrar bien y vivir bien, si no desea al mismo tiempo ser, obrar y vivir en acto. El hombre obra de acuerdo a la virtud, cuando está "determinado" por el hecho de entender. Actuar según la virtud es obrar bajo la guía de la razón buscando la propia utilidad. El supremo bien del alma es el supremo conocimiento, y su suprema virtud, la de conocer a Dios. La virtud del alma es el conocimiento. El bien que apetece para sí el que sigue la virtud, lo deseará también para los demás, y tanto más cuanto mayor conocimiento tenga de Dios. Comprendiendo esta doctrina, aunque no supiésemos que nuestra alma es eterna, consideraríamos como primordiales, sin embargo, la moralidad y la religión, la firmeza y la generosidad.
Es una propuesta de ver al ser humano en cuanto partícipe de un Todo de necesidad pura de existencia y obrar y ninguna otra cosa, donde absolutamente todas las cosas responden a ciertas leyes universales: la de conatus, buscar perseverar en su ser; la del deseo: todos son seres deseantes y la mecánica de cuerpos. En consecuencia, el Hombre deseante y pensante, obra en virtud de su potencia. Sin embargo, consciente, sí mismo, de sus propios deseos, porque los piensa, en ideas, cree, también, que son su potestad, y este prejuicio lo lleva a construirse un imperio propio, con leyes contrarias a las naturales, y puesto que cree que él obra movido por propia voluntad en vistas a un fin, atribuye esta disposición al resto de las cosas y puesto que la naturaleza toda y él mismo se le revelan, cree que él mismo tiene vicios y lo resuelve castigándose a sí mismo con lo cual no logra otra cosa que su propia impotencia. Si derriba sus prejuicios, su mente pensante, cuyo obrar es pensar, que no es más que una herramienta para incrementar su realidad, esto es perfeccionarse, potenciarse para perseverar en su ser,  puede conocer y comprender las leyes naturales, comprender para aceptar que los deseos que lo mueven a actuar no son de su potestad y este conocimiento a su vez ocasionará que desee conocer más acerca del todo del cual es parte, ocasionando a su vez otros deseos, pero que afectarán al cuerpo de alegría, aumentando su potencia de obrar, es decir que este conocimiento de la mente desencadenará deseos que predispondrán al cuerpo de la forma más adecuada y al mismo tiempo se predispondrán todos los cuerpos de todos los hombres y potenciándose a su vez entre sí, siendo todos un solo elemento individual orientados a un único efecto, el de perseverar en su ser como único elemento, para que adquiera su perfección que no es más que lograr su máxima realidad, y adquiriendo más y más, conocimiento sobre la totalidad.
Siendo el hombre el único animal que es consciente de sus deseos, es por tanto también el único que cree tener dominio completo sobre los mismos, o lo que es igual, libre voluntad. A partir de esta falsa premisa, se ha construido un universo dentro de otro, castigando el pecado y la imperfección, lejos del sosiego del conocimiento de aquello que sus propios ojos le presentan permanentemente. El resultado es una sociedad neurótica.
Spinoza resuelve su molestia con su finitud –quiero decir, la propia de todo hombre- entendiendo al ser humano tal cual se le presenta en la experiencia, como seres deseantes y pensantes, partes de un todo, sin voluntad sobre nuestros deseos, -el formar parte de un todo y aceptar que no tiene control sobre sus deseos, estas dos cosas, le da sosiego- y dispone a la mente para pensar para conocer y la motivación para pensar le viene del deseo de pensar más para conocer más y así alineando los deseos con la mente, sin conflicto, potenciando, incentivando el deseo por el conocer, sobre todo el Todo, dispone cada parte del ser humano para que se dedique a lo que pareciera que mejor sabe hacer, así la vista para ver, el cuerpo para responder a los deseos y la mente para pensar y conocer.
A mi entender en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, se parta de ciertas premisas, aun sabiendo que no se manifiestan en la experiencia –Kant descarta la posibilidad de la voluntad santa-, a saber: primeramente, creo yo, que nuestro pensamiento, inclusive aunque esté libre de toda contaminación fenomenológica, no podría producir -o tener a priori- preceptos morales distintos a las ideas que se nos presentan desde la práctica experimental, porque todo aquello que es previo en nuestros pensamientos, ha de ser el resultado de las experiencias de nuestra Especie, que nos llegan a través del ácido desoxirribonucleico, yo lo llamo el  know how con el que nace el individuo, de modo que son experiencias en un entorno similar, luego, no deberíamos contar con nociones innatas distintas a las que nos sugiere la realidad, de otro modo sería algo así como que nuestro pensamiento se comunicara con otro universo de naturaleza distinta al que es causa de nuestras impresiones. Y aun así, en ese caso, habría que demostrar que los principios sugeridos por nuestras nociones a priori son de una mayor calidad moral. 
En segundo lugar, atribuir al hombre un fin y una voluntad con actividad auto-legisladora para controlar su cumplimiento. Incluso en este sentido al propio Kant le llama la atención la facilidad que tenemos, sobre todo, dice, en el conocimiento vulgar, para juzgar lo bueno y lo malo, tanto más que para teorizar. Sin embargo, a mi entender, ese juicio, no sería otra cosa que parte de nuestra actividad deseante. Ya que lo único que tiene que hacer una persona para un juicio moral es describir la idea que le viene en mente, es un acto de descripción, no de juicio, el que realizaría la mente. Justamente esa facilidad para "juzgar lo bueno y lo malo" ha de deberse a que no es una operación de juicio, sino de deseo.
Luego, a partir de estas premisas, quedará tergiversada el resto de la naturaleza humana y de todas las cosas. Y así la primera derivación es que a falta de encontrarle un uso apropiado a un órgano humano que molesta, se le invente uno, el que parece que mejor se acomoda  al convencimiento de que contamos con una voluntad destinada a procurar ser buena,  pero entonces encontrando que lo que yo llamo "deseos de dignidad" son contrarios a otros deseos, de placer y necesidad, más fuertes, les declara la guerra a esos deseos, ya que nos desvían de la dignidad que nos hacen sentir los actos con valores morales que surgen de una buena voluntad y entonces queda la razón en lucha consigo misma, puesto que es el mismo individuo el que estará en guerra consigo mismo. Pero no sería propio de una naturaleza "sabia" darle al hombre un órgano pensante para que deje de pensar y se ponga a controlar otras cosas y luchar con otras partes suyas para mantenerlas a raya, sería como buscarle al olfato otro uso que no sea el olfato, antes bien, le hubiera quitado las otras partes para que no se tenga que andar peleando consigo mismo. Tal vez la contrariedad entre querer ser digno (más abajo me refiero a deseo moral) y los deseos de necesidad encontrara sus causas en factores externos a la naturaleza del ser humano tales como una sociedad que se caía a pedazos y no daba lugar a tal dignidad.
Kant parte de que la voluntad buena es el valor más apreciado en alguien, que tiene valor en sí mismo aunque no logre nada, y la define como una acción por deber y opuesto al deseo, es decir, absolutamente desinteresada y que el fin de la razón es guiar al hombre hacia una voluntad buena. Pero si prestamos atención encontraremos una paradoja: dignidad o voluntad buena o valor moral de la acción, el deber por el deber mismo sin pizca de interés, son conceptos paradójicos que se anulan a sí mismo ya que por el simple hecho de ser un concepto encierra un significado y por lo tanto un interés y hacen referencia a un modo de ser desinteresado, luego tenemos un interés por el desinterés lo cual es paradójico. En este sentido, y trazo un paralelismo entre el acto con valor moral y la buena acción, el acto moral no es humano pues sería imposible hasta pensarlo, porque habría un testigo, uno mismo, como dice Hannah Arendt respecto de la "buena acción" y en última instancia como dice Kant, es indetectable. Y al decir "el valor más apreciado hacia alguien" está poniendo el foco en el testigo, hacia ese alguien. Aunque Kant dice que hay un interés: el respeto por la ley, una ley a priori, universal, que tiene valor en sí misma. Entonces el acto moral libre de inclinaciones estaría inclinado hacia algo. También encierra una ironía, y es que el concepto de dignidad se aniquila a sí mismo en tanto es mencionado, y menos podríamos definirle un destino al hombre, ni aun si fuera un hombre ideal, a partir del mismo, en tanto que sin asignarle al hombre ningún destino, al menos queda contingente.
Tanto Kant como Spinoza buscan un marco teórico para encausar nuestras acciones hacia lo más conveniente para la humanidad. Uno imagina al universo como un todo desde afuera al tiempo que acepta lo que le presentan sus ojos en lo inmediato y reacomoda el pensar y el obrar hacia un tipo de vida que conlleve una sensación de eternidad en la finitud, con todos los hombres descansando en el sosiego de ser parte de un Todo y aceptando que no hay tal cosa como la voluntad y puesto que varios individuos que comparten un mismo efecto son una única cosa individual, sería la humanidad potenciada  por un mismo deseo compartido: de saber más y más sobre las cosas y el Todo. El otro la mira desde el sujeto, desde el cogito, supone una voluntad medianamente autónoma y una razón que nos ha sido dada para hacerla buena, y nuestra razón ya nos viene con una definición a priori incluida que debemos indagar sin contaminación fenomenológica: el ideal universal racional del obrar. El sentimiento del deber está en nosotros y obrar por respeto a la ley nos da la mayor de las satisfacciones por encima de cualquier felicidad del bienestar, luego la razón debe doblegar a la voluntad para hacerla buena y lograr esta satisfacción.
Para Kant la esencia del hombre es su voluntad auto-legislada para ser moral en tanto que para Spinoza es un ser pensante, autoconsciente y deseante.
En última instancia, de lo que se trata es de la ubicación de la moral en el orden causal . Para Kant es una ley para seres racionales -la naturaleza humana es solo una posibilidad- y el hombre es voluntad con un fin que se puede auto-imponer porque la consciencia de sí mismo y la consciencia de tener voluntad se lo permite, el de auto-legislarse por dignidad acorde a una ley universal, venciendo a sus inclinaciones. Para mí, en todo caso continuando a Spinoza, es un deseo natural universal, el deseo moral universal, que se prolonga en la mente, en la idea de ese deseo, y en el juicio o afirmación implícita en su idea, y la mente pensante, deseando conocer más, puede influir y crear más deseos morales, cual cuerpos mecánicos. El conocimiento del sabio (comprender al universo) crea la posibilidad (contingencia) de una vida moral, la ignorancia (peor aún: las falsas creencias) la aniquila. Pero no me refiero a moral en el sentido de un acto que sea digno de reconocimiento, sino a una simple y buena disposición con el universo.
Kant dice que si la "sabía naturaleza" hubiera esperado del hombre que solo se dedicara a perdurar, habría preferido al instinto para que se encargara de esta tarea, ya que lo hace bien y la prueba está en el resto de los animales y en la mejor vida que saben darse, si pensamos en una felicidad con cierto bienestar, los que mantienen a su razón a la distancia y más tortuosa se les hace a los que hacen mayor uso de la misma, como ser, los teóricos. De hecho, la razón, en este sentido, no hace más que molestar. Y puesto que percibimos que tenemos voluntad, y la naturaleza todo lo da para un fin, y además entre todas las capacidades de la razón, la que mejor se destaca en todos, incluso más en los entendimientos vulgares, es la de discernir entre lo bueno y lo malo. Y dado que sumado a todo esto, si prestamos atención notaremos que la cualidad o modo de ser que más elogiamos en alguien y que nos mueve a querer imitar y que no la elogiamos por ningún motivo más que por sí misma es el esfuerzo y la buena voluntad. Por todo esto, voy a suponer que la razón nos ha sido dada para ayudar a la voluntad a que sea una voluntad buena, incluso por encima de la felicidad.
Existe una moral más allá de toda experiencia, anterior a ésta y que el hombre puede alcanzarla a través de la razón pura con pensamientos a priori que refieren a un deber más allá de cualquier consideración pragmática. Investigar sobre estas costumbres puras anteriores a cualquier consideración práctica, ha de realizarse con anterioridad inclusive que cualquier intento de establecer normas morales atendiendo a la aplicación.
Repasemos el concepto del deber,  para diferenciar la acción conforme a deber y la que es hecha por deber, no por inclinación o miedo, y que puede ser considerada una máxima moral. La acción por deber con valor moral deber ser contraria a las tendencias e inclinaciones y su valor moral lo tiene en la máxima por la cual ha sido decidida. El deber es la necesidad de una acción por respeto a la ley. El principio que define una acción con valor moral sería que no debo obrar nunca más que de modo tal que pueda querer que mi máxima deba convertirse en ley universal. El conocimiento de lo que todo hombre está obligado a hacer y por tanto también a saber lo tiene mejor la feliz simplicidad del conocimiento vulgar pues es un conocimiento más sabio. El hombre tiene inclinaciones y necesidades -satisfacción de las cuales el hombre llama felicidad- que lo llevan a oponerse fuertemente a todo lo que en su razón se le presenta como digno de respeto. El deber  reside –como deber en general-, antes que en cualquier experiencia, en la idea de una razón que determina la voluntad por fundamentos a priori. Al punto tal que incluso podría tratarse de un deber de cuya experiencia no se conoce ningún caso o que fuera irrealizable. Las leyes morales deben servir para todo ser racional en general y no solo  para el ser humano, con ciertas contingencias y excepciones, por eso es que deben buscarse principios morales universales más allá de la naturaleza humana, en el conocimiento a priori, en la razón pura. Un mandato (de la razón) es la representación de un principio objetivo, en tanto que es constrictivo para la voluntad  y la fórmula del mandato se llama Imperativo expresado por medio de un "debe ser". Todos los imperativos mandan, o hipotética, o categóricamente. Los hipotéticos representan la necesidad práctica de una acción posible como medio para conseguir otra cosa que se quiere (o que es posible que se quiera). El imperativo categórico sería el que representa una acción por sí misma, como objetivamente necesaria, sin referirse a ningún otro fin.  En otras palabras la acción es representada como buena en sí, esto es, como necesaria en una voluntad conforme en sí con la razón, como un principio de tal voluntad. Si el deber es un concepto que debe contener significación y legislación real sobre nuestras acciones, no puede expresarse más que en imperativos categóricos y el principio práctico de la razón debe coincidir con la máxima a mitad de camino. No es posible determinar si existió alguna vez la acción con valor moral porque no es posible estar seguro de si no hay alguna causa oculta tendiente a satisfacer un provecho propio o temor. El imperativo categórico o ley de la moralidad es necesaria e incondicional para la voluntad. El imperativo universal del deber podría formularse también así: obra como si la máxima de tu acción debiera volverse, por tu voluntad, ley universal de la naturaleza. El ser racional existe como fin en sí mismo, no solo como medio para el uso arbitrario de esta o aquella voluntad. El deseo general de todo ser racional debe ser librarse de sus inclinaciones. El agente es un fin en sí mismo y no es intercambiable. La naturaleza racional existe como fin en sí mismo y esto es principio universal. Imperativo práctico: "obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu -persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio". La actividad de la voluntad es universalmente legisladora. La voluntad se auto-legisla. Un concepto fructífero para una voluntad que se auto-legisla es el de reino de los fines. La legislación del reino de los fines, donde cada ser racional es un miembro y legislador, debe ser posible a partir de la voluntad. La voluntad ha de auto-legislarse con máximas como si fuera legisladora universal. La autonomía es el fundamento de la dignidad. En el reino de los fines todo tiene un precio o una dignidad. Aquello que tiene precio, puede ser sustituido, lo que se halla por encima de todo precio, y por tanto, no admite nada equivalente, eso tiene una dignidad. Lo que re refiere a las inclinaciones y necesidades del hombre tiene un precio de mercado o de afecto, (objetos vinculados a satisfacción de necesidades y felicidad ), pero aquello que constituye la condición para que algo sea fin en sí mismo, eso no tiene meramente valor relativo o precio, sino un valor interno, esto es dignidad( objetos de moralidad necesarios para alcanzar una voluntad buena). La moralidad es la condición bajo la cual un ser racional puede ser un fin en sí mismo, porque solo por ella es posible ser miembro legislador. De este modo, la moralidad y la humanidad –en tanto que es capaz de moralidad- es lo único que posee dignidad. La habilidad y el esfuerzo en el trabajo tiene un precio de mercado; el ingenio, la imaginación vivaz, el humor, tienen un precio de afecto. La fidelidad en las promesas, la benevolencia por principio (no por instinto), en cambio, tienen un valor intrínseco. La naturaleza, como el arte, no contiene nada que, -en el caso de faltar estas- pueda sustituirlas, ya que su valor no consiste en los efectos que ellas producen, ni en el provecho y utilidad que brindan, sino en las convicciones, esto es, en las máximas de la voluntad, que están preparadas para manifestarse de esa forma en acciones, aun cuando el éxito no las favorezca. Esta exigencia en las convicciones éticamente buenas o en la virtud se justifica porque dan acceso como miembro de la legislación universal del reino de los fines. La naturaleza racional se separa de las demás porque se pone a sí misma un fin. Si fuera contra natura, más sublimidad aun al obrar así con la naturaleza en contra, no respondiendo a su reino artificial. La moralidad es la relación de las acciones con la autonomía de la voluntad, esto es con la legislación universal posible por medio de  máximas de la misma. Las acciones compatibles son permitidas  y las que no, prohibidas. La voluntad cuyas máximas concuerden necesariamente con las leyes de la autonomía, es una voluntad santa, absolutamente buena. La dependencia en que una voluntad no absolutamente buena se halla respecto del principio de la autonomía -la constricción moral- es obligación, deber. La necesidad objetiva de una acción por obligación se llama deber. La dignidad descansa en la autonomía de la voluntad. El principio de la autonomía es elegir que las máximas de la elección en el querer, sean concebidas al mismo tiempo como ley universal. Y esta regla práctica es un imperativo. En la heteronomia de la moral está el origen de los principios morales ilegítimos. Se dan ahí los imperativos hipotéticos. Es muy distinto hacer un hombre feliz que un hombre bueno y lo mismo los principios en que se basan.

Textos extraídos del Tratado de la naturaleza humana que dan cuenta de distintos órdenes causales de la moral y de las distintas naturalezas humanas consideradas con respecto a la razón práctica de Kant. Si tomamos la ontología especial de Spinoza que refiere solo a la parte de la naturaleza humana, podemos encontrar muchos puntos en sintonía con Hume.
" Y esto es confir­mado por la experiencia común, que nos informa que los hom­bres son a menudo
gobernados por deberes y que la considera­ción de su injusticia los aparta de algunas acciones y la de su obligación los impele a realizar otras. Por tanto, puesto que la moral tiene influencia sobre las ac­ciones y sentimientos, se sigue que no puede derivarse de la razón y ello se debe a que la razón por sí sola, como ya hemos demos dicho jamás puede tener esa influencia. La moral provo­ca la pasión y produce o impide las acciones. La razón por sí misma es totalmente impotente en este punto. Por consiguiente, las reglas de moral no son conclusiones de nuestra razón. Creo que nadie negará la justeza de esta inferencia y que no hay otro modo de eludirla que negar el principio en que se fun­da. En tanto se admita que la razón no tiene ninguna influencia sobre nuestras pasiones y acciones, es en vano pretender que la moralidad se descubre sólo por una deducción de ía razón"
(Hume, Tratado de la naturaleza humana, Libro III, 17-18)
 "que la razón por sí sola no puede nunca ser el motivo de ninguna acción de la voluntad"
 "que no puede nunca oponerse a la pasión en la dirección de la voluntad"…"la razón es y debe ser esclava de las pasiones"
(Hume, Tratado de la naturaleza humana, Libro II, Acerca de las pasiones, Sección III)

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